EL ILUMINISMO ROSACRUZ. Frances A. Yates. Fondo de Cultura Económica, México 1981. 327 págs. 

"Y si bien no sé con precisión lo que era ser rosacruz, ni sé si los rosacruces en realidad existieron, la duda y la incertidumbre que hacen presa de quien busca a los invisibles Hermanos de la Rosa Cruz son por sí mismas compañeras inevitables de quien busca lo invisible". Estas líneas del prólogo vienen a sintetizar las ideas que Frances Yates desarrollará a lo largo de toda su obra: la sutil y mágica vía que sigue aquello que en su origen es inaprensible hasta explicitarse en acontecimientos concretos. Los cuales a su vez constituyen jalones para quien quiera, con la incertidumbre del que emprende un viaje, seguir el camino de retorno a este mismo origen. René Guénon nos ha dado importantes pistas de este proceso en su artículo titulado "Rosacruces y Rosacrucianos" de Apreciaciones sobre la Iniciación, en él hace referencia al modo abusivo con que se ha llegado a usar el término rosacruz para designar a muchos personajes que de ninguna manera tendrían derecho a ello. Los verdaderos rosacruces nunca constituyeron una organización con formas externas, y el término Rosacruz se refiere en verdad a un grado iniciático, a un estado espiritual que representa lo que podemos llamar la perfección del estado humano, y tratándose por tanto de una cualificación interna no es visible desde el exterior; los personajes que de alguna manera se dieron a conocer plasmando esta energía y que uno a uno van desfilando a través de esta obra de Frances Yates, pueden considerarse el brazo exterior de los rosacruces, y son los que habría que denominar rosacrucianos. 

A medida que se elabora el complejo entramado, rico en nuevas propuestas de estudio, que constituye la visión que la autora tiene de la Europa del siglo XVII, vamos asistiendo a la manifestación de lo interno, o lo oculto como preferentemente lo denomina ella, conjugando una realidad que estamos acostumbrados a ver analizada desde parámetros muy distintos. Se trata de un momento crucial en que las condiciones son cada vez más adversas y se comienza a presagiar lo que será la última fase de un ciclo, pero que al mismo tiempo manifiesta con fuerza la influencia de la tradición hermética que junto a la combinación de la cábala y la magia ofrece nuevos aspectos de ella misma como la alquimia. Vemos cómo históricamente se va plasmando esta tensión entre ambos polos, la afirmación por un lado de unos principios a través de la tradición renacentista, y por otro la negación de estos principios a través de una incipiente modernidad que va a desembocar en una concepción racionalista de la ciencia a la que se despoja de su verdadero significado. Una pugna que se irá decantando gradualmente a favor de lo material, y que anuncia la oscuridad de nuestros días en que lo espiritual, aún siguiendo oculto, parece no estar suficientemente protegido. 

En aquel marco, la aparición de los manifiestos titulados Fama Fraternitatis y Confessio Fraternitatis así como la azarosa vida del legendario fundador del "Colegio Invisible de la Rosa-Cruz" Christian Rosenkreutz, supusieron una inyección de esperanza -lo que denomina "el frenesí rosacruz"- en unos hombres que todavía confiaban en que lo sagrado quedara impreso también en lo social. Las expectativas puestas en la boda del príncipe Federico V del Palatinado con Isabel, la hija del rey de Gran Bretaña, tienen que ver con esta misma visión del mundo -común a hombres como Valentín Andreae, John Dee, Robert Fludd, Michael Maier, Francis Bacon, Elías Ashmole, o incluso Isaac Newton- en la que aún cabe una posibilidad de regeneración. Una esperanza que constituyó la razón de ser de distintas organizaciones secretas que aparecieron entonces, como la Real Sociedad que tiene sus antecedentes directos en el mensaje rosacruz, el cual entró también a formar parte del legado simbólico y mítico de una organización iniciática de origen medieval como la Masonería, llegando así hasta la actualidad. A. G.

 
 
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