Villard de Honnecourt, Vitral de Chartres, s. XII
Vitral de Chartres
Villard de Honnecourt, s. XII

ANALES DEL COLEGIO INVISIBLE
JOSCELYN GODWIN
IX 
Las Catedrales
En el artículo anterior (La Teología Negativa"La Teología Negativa") mencioné algunos de los problemas causados por las personas que creen que saben algo sobre Dios: personas, no como Dionisio el Areopagita, Juan Escoto Erígena, o Meister Eckhart, que insistieron en que Dios es indescriptible, sino los 'teólogos positivistas' tan propensos a argumentar entre sí. Tal vez el problema viene realmente por el hecho de usar palabras, tan inadecuadas para este propósito ya que ellas reflejan la construcción gramatical y las limitaciones de la conciencia racional del lado izquierdo del cerebro. Este ensayo mira en la dirección opuesta, al único legado de la Edad Media que casi todos pueden aplaudir: las catedrales góticas. 

Si usted ha viajado alguna vez a una de las ciudades de Europa que tienen una gran catedral tendrá la experiencia de haber visto primero la catedral, desde lejos, antes de que aparezca la villa. Ella empequeñece cualquier otra contribución humana al paisaje, y el contraste era aún mayor en la época en que se construyó. Las torres y agujas señalan al cielo como un símbolo de la aspiración hacia Dios. Pero también podrían ser vistas como pararrayos, atrayendo las influencias celestiales desde el éter a la tierra. En ambos sentidos, la catedral, con su gran tamaño y altura supernatural, da la impresión de aparecer en algún lugar entre el cielo y la tierra. 

En términos cuantitativos, las catedrales góticas son tan asombrosas como las Pirámides. Sólo en Francia, durante noventa años, desde 1180 a 1270, se vió la construcción de 80 catedrales y casi 500 abadías. La economía entera del país estaba dominada por ello. La única comparación hoy día sería con la carrera armamentista, por la cual la gente de los países tercermundistas sacrifican tanto. Pero una catedral también producía dinero, atrayendo mercaderes a ferias en los días de fiesta de la Iglesia, y a las hordas de peregrinos seducidos por las reliquias. En vez de ser el silencioso santuario, o la trampa turística de hoy, rebosaba de verdadera vida, sirviendo de bazar, escuela, corte de justicia, intercambio de labores, y aún de dormitorio. 

Pero aquí estamos interesados en el aspecto cualitativo, y en las catedrales góticas como testimonio de la sabiduría oculta que ha sido transmitida a través de los siglos. Semejante proyecto requiere el esfuerzo de toda la comunidad, pero el concepto original no se crea por medio de un debate democrático, ni tampoco su diseño. Requieren de un conocimiento especializado y un poder de la imaginación creativa que a veces llamamos "genio".  

¿Cuál era el propósito último de una catedral gótica? Era un vehículo finamente ajustado para conducir las almas al cielo. Los que lo concibieron, y los que lo utilizaron, consideraban mucho más importante el mundo invisible que el mundo de los sentidos. Sin este conjunto de prioridades, nunca hubieran invertido tanta energía en el culto de las reliquias, la costumbre del peregrinaje, y las donaciones generosas para las causas sagradas. La catedral era para ellos una recompensa temporal a su devoción. Dominando el mundo material, física y económicamente, como los rascacielos-cañones de Wall Street, ofrecía también (a diferencia de estos) un goce anticipado de las alegrías de los Cielos. 

Dionisio el Areopagita, el platónico cristiano que fundó la escuela de la "teología negativa", también era un metafísico de la luz. Aunque Dios en sí es una obscuridad tres veces desconocida, cuando manifiesta un universo la primera aparición es la luz divina. Los primeros capítulos del Génesis y el evangelio de San Juan son explícitos con respecto a esto. Para Dionisio, la luz que conocemos en la tierra es el eco sensible más claro de esa primera creación. El rayo divino resplandece desde el Padre y fluye hasta nosotros llenándonos con la memoria de las cosas de arriba y guiándonos de vuelta a la unidad con Dios. 

Hoy día, las catedrales góticas pueden parecer obscuras, iluminadas solamente por sus vitrales. Pero en comparación con el estilo románico anterior, estaban inundadas de luz. Esto se lo podemos agradecer a Suger, abad de Saint-Denis, quien reconstruyó su propia abadía a mediados del sigo XII mientras se encontraba arrebatado por la mística de la luz de Dionisio, con lo cual dio inicio al estilo gótico. La intención de Suger era llenar la construcción con la substancia más divina que existe. El escribió: "Brillantemente reluce aquello que multiplica el esplendor; y brillante es el trabajo noble a través del cual resplandece la nueva luz"- esto último también aludiendo a Cristo, la Luz del Mundo. 

La iluminación gótica no era la pureza blanca que preferimos hoy, sino los colores del arco iris que los avances en la fabricación del vidrio habían hecho posibles. Por primera vez en la historia, las personas pudieron experimentar en gran escala los efectos de la luz directa a color, en oposición a la luz refleja de las pinturas, las flores, etc. Experimentos modernos con terapia de luz demuestran que esta exposición tiene un efecto psicofísico definitivo. Hoy, alguien sensible que visite las catedrales casi no necesita que se le diga esto, mucho menos personas para quienes analogías como las de Suger estaban en el centro de su ser. ¿Cómo podrían dejar de pensar en la Nueva Jerusalén, con sus muros compuestos de doce diferentes piedras preciosas, iluminadas por la luz del Cordero? 

Antes de que las catedrales góticas empezaran a levantarse, el norte de Francia ya era albergue de una escuela de filosofía espiritual única en su género, la Escuela de la Catedral de Chartres. Eran lectores de Dionisio y Erígena, y también de Platón y los neoplatónicos -de lo poco que se podía encontrar de ellos antes de la afluencia de manuscritos griegos en el Renacimiento. En el Timeo de Platón habían leído acerca de cómo fue creado el cosmos, no a través de la luz sino por el poder del número y la geometría. Timeo, que habla durante la mayor parte del diálogo, era un pitagórico, y expone la perspectiva de su escuela: que las realidades últimas de la creación son los números matemáticos y las formas geométricas. Los elementos y toda cosa hecha de ellos deviene a través de sus combinaciones. Los filósofos de Chartres tenían casi tanto respeto por el mito creacional de Platón como por el del Génesis. Poseía la atracción de ser un sistema racional, el cual el hombre podía tener la suerte de comprender; esto hacía de Dios un ser racional. Además, el Libro de la Sabiduría había dicho: "Tú has creado todas las cosas en número, peso y medida." Así, Dios Padre era a veces representado en los manuscritos como el Geómetra, trazando el cosmos con un compás. El Misterio de la Trinidad, decía un maestro de Chartres, es como un triángulo equilátero -otra imagen frecuente en manuscritos y pinturas. Agrega ingeniosamente que la relación de Jesús al Padre es como el primer número cuadrado, 1 x 1 = 1: permanecen en unidad.  

La geometría y el número son los primeros principios de cualquier edificio, incluso el del cobertizo de un jardín. Para ser construido ha de tener una forma, y debe ser medido. Las catedrales -y esto incluye las románicas y bizantinas, no sólo las góticas- son el esfuerzo humano supremo por imitar a Dios imponiendo la geometría y el número en la materia. Ellas son principios matemáticos hechos visibles, tangibles y habitables. Se puede decir lo mismo de los templos egipcios, griegos y romanos, y en realidad de las estructuras sagradas del mundo entero. 

Hay dos aspectos fundamentales en las matemáticas de las edificaciones sagradas. El primero es el aritmético, que consiste en escoger un módulo (p. ej. el pie) y sus múltiplos (p. ej. los cuadrados que componen el plano horizontal). Los constructores de catedrales a veces escogían los números por su valor simbólico. En la catedral de Chartres, por ejemplo, las dimensiones principales, expresadas por las unidades de la época, corresponden a la gematría de expresiones como "Beata Virgo Maria Mater Dei" (Bendita Virgen María, Madre de Dios). Nadie supo de esto desde que fue determinado por el arquitecto hasta su redescubrimiento por John James hacia 1970. Pero aquello no tiene mayor importancia, para la mentalidad platónica, que mi ignorancia de los finos ajustes que hacen que trabaje mi automóvil o mi computador. La catedral 'funciona' precisamente porque está hecha así. 

El segundo aspecto de las matemáticas sagradas es la geometría, la cual utiliza las herramientas del compás y la escuadra, mientras que la aritmética usa el ábaco. La aritmética dicta las dimensiones, la forma geométrica; por lo tanto es responsable de la ingeniería del edificio. ¿Se sostendrá? Esta era la preocupación principal de los arquitectos góticos, quienes, obedientes a la metafísica de la luz, abrieron sus muros para abarcar siempre espacios más amplios con vidrios de color. El arco con dos centros o arco apuntado era su más notable recurso, y el contrafuerte su seguridad. La tracería del rosetón era su gozo, donde desplegaban su virtuosismo en las divisiones simbólicas del círculo. 

La geometría puede transponerse hasta cierto punto con la aritmética, es decir, a una forma determinada se le pueden asignar dimensiones definidas. Pero en parte trasciende el número mensurable. Uno de los problemas más fascinantes para las matemáticas de la antigüedad era la imposibilidad de llegar a una expresión aritmética para las cosas fáciles de dibujar, como el círculo o la diagonal de un cuadrado, o la expansión infinita de la Sección Aurea. Estas proporciones irracionales también tienen su lugar en el diseño de las catedrales, y tanto más por ser tan conspicuas en el diseño del cosmos manifestado. 

Hasta ahora, la catedral era calculada para ser un reflejo de la inteligencia matemática de Dios, y un receptáculo de su primera creación de luz. Otra cosa más era necesaria para completar el efecto: la catedral debe ser hecha para sonar. Así las tres facultades primarias de la mente, el ojo y el oído podían ser todas satisfechas. 

No tengo la intención de sugerir que un pequeño grupo de músicos se sentaron a determinar qué tipo de música podría ser apta para el nuevo estilo arquitectónico, en analogía con los maestros masones y los platónicos cristianos que indudablemente idearon la estructura del edificio. Pero hay una placentera sincronicidad en el hecho de que se estaban sentando las bases para toda la futura música europea durante este período, cuando el estilo gótico se estaba desarrollando. Lo que distingue al arte musical europeo del resto de la música del mundo es el grado en que se ha explorado la armonía: el sonar simultáneo de uno o más tonos. El primer intento, completamente exitoso, de reunir dos melodías simultáneas fue en Nôtre-Dame de París alrededor de 1160. Por 'exitoso' quiero decir que los compositores de Nôtre-Dame crearon un repertorio de música armónica que se volvió popular. Se extendió por toda Europa y sirvió de base e inspiración para los desarrollos del nuevo siglo. Una línea clara puede trazarse desde allí a la música que todos dan por sentada. 

¿Por qué es importante la armonía? El músico pitagórico contestará que lo es porque a través de ella podemos percibir las proporciones con las que el cosmos es creado. Usted puede anotar los primeros cinco números, 1 2 3 4 5: eso es aritmética. Puede construir estructuras basadas en ellos como dimensiones: eso es geometría. Pero si usted toca cinco cuerdas cuyos largos relativos son 1 2 3 4 y 5 ¡oye un acorde mayor! La armonía es el número hecho audible. Algunas combinaciones numéricas producen consonancias; otras disonancias. Y de la tensión entre los dos tipos, surge toda nuestra música. 

Algunas personas mantienen que los edificios construidos con proporciones armónicas son acústicamente mejores que los que no están diseñados así. La acústica de las catedrales góticas, y también la de las innumerables iglesias más pequeñas construidas de acuerdo a los mismos principios, es más apropiada para la música de los períodos antiguos, que era armónicamente simple y destinada para voces sin acompañamiento. La música romántica instrumental (con todo respeto por la escuela de órgano francesa) suena caótica en ellas. La razón del éxito de la música antigua parece que se debe a que estos edificios intensifican las armonías naturales que están presentes en cada tono. Un simple par de voces solas cantando una de las representaciones de la misa de Leonin, el primer compositor de Nôtre-Dame, se cubren de un rico ramillete de armonías que llena todo el edificio. Nada más era necesario para completar la atmósfera intencionadamente no terrenal. 

La catedral gótica era un deleite para los sentidos. He dicho poco de cómo era también un deleite para la mente, mientras los vitrales retrataban a miles de figuras bíblicas, cada una con su propia historia. Tampoco he mencionado los programas esculturales que repetían afuera del edificio los temas que los vidrios mostraban en el interior. No he dicho nada de la misa, el misterio central de la liturgia cristiana, con su mágica transubstanciación del pan y el vino en el cuerpo y sangre de Cristo. Para un creyente, el milagro de la catedral, en toda su vastedad y belleza, no era nada respecto al milagro diario que acontecía en sus altares. Además está el tema amado por los redescubridores modernos del gótico: la cara femenina de la Deidad representada por la Virgen María, cuya adoración en un santuario como el de Chartres es como un renacimiento de los cultos a las diosas del mundo antiguo. Pero tomando todo esto en conjunto, podemos ver cómo las semillas sembradas por pocos platónicos cristianos, ayudados por unos cuantos expertos en arquitectura y armonía, crecieron para convertirse en uno de los más grandes ornamentos de la civilización que el mundo jamás ha conocido.  

Si hay un Colegio Invisible trabajando para iluminar el mundo, éste puede haber sido su mayor logro. No sólo sirvió a la elite y a los iniciados sino a toda persona, conmoviendo a cada uno en el nivel apropiado, desde una cierta superstición en la que casi no podemos acreditar hoy, pasando a través de todos los grados de armonización religiosa, hasta las alturas del misticismo devocional. Anteriormente lo llamé un vehículo finamente ajustado para conducir las almas al cielo. Esto es válido aún si el único cielo que existe es aquel que hacemos en la tierra. Traducción: L. H.

 
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