JESUS Y EL SHEIKH AISSA
NIKOS VARDHIKAS
Nadie podrá discutir el hecho de que la obra de Frithjof Schuon no atañe a los principios metafísicos, como la de René Guénon, sino a sus aplicaciones en las diversas tradiciones; ahí reside su valor y su utilidad. 

En tanto que tal, sin embargo, esta obra permanece incomprensible sin la de Guénon, a la que forzosamente presupone. Por otra parte, de ello se desprende que sería totalmente ridículo exigir a una obra tal que constituya una brújula infalible, como se ha podido decir de la de Guénon, y por tanto que esté exenta de errores. 

Sería pues inútil intentar extraer de este "collar de perlas" una homogeneidad que no puede ofrecer, para oponer la "sensibilidad" de Schuon a la "sequedad" de Guénon. Se trata de oposiciones artificiales, que comparan niveles diferentes y provienen de un desconocimiento, fingido o real, de la diferente naturaleza de ambas obras. 

Es sorprendente, consecuentemente, que se haya podido hablar de la existencia de una "corriente" schuoniana. ¿En qué puede consistir tal corriente? 

Por nuestra parte, no vemos otra posible base a esta pretensión que las afirmaciones, muchas veces repetidas en la obra schuoniana, concernientes al cristianismo: 

– la Iglesia (una Iglesia) no puede alterar su depósito, en virtud de la Identidad de su fundador 

– la Invocación del Espíritu Santo en el momento de la consagración de los dones es inútil 

– la Virgen María es un avatara

Estas afirmaciones no solamente están en contradicción con Guénon; constituyen también una herejía formal, el idealismo o apolinarismo aplicado a la Iglesia1. Es curioso constatar que esos son precisamente los puntos que la Iglesia Ortodoxa (de cuyo lado ha dejado abierta Guénon la única "ventana" relativa a la posible existencia de un esoterismo cristiano operativo) discute al Catolicismo, arguyendo que anulan los medios de hacer operativa en los cualificados para ello la influencia espiritual recibida por todos2. 

Esto explica por qué una obra que no se presta por lo demás a ello ha podido ser utilizada como base de una "corriente": estas afirmaciones incitan a los Católicos cualificados, rabiosos o apenados por las constataciones de R. Guénon sobre la decadencia de su tradición, a no buscar qué es lo que le falta. Estas afirmaciones les confortan en el sentimiento de seguir poseyendo, en virtud de la identidad del Cristo, una tradición (contingente) completa; ellas pueden dar a entender que el término "exo-esoterismo" significa una deificación por el solo hecho de frecuentar los sacramentos3, y no únicamente el necesario "punto de anclaje" del esoterismo en el exoterismo. 

Es esta una impresión no sólo errónea, sino nefasta; pero para quien conoce la naturaleza forzosamente contingente de esta obra, no puede ser perturbadora; no se debe pedir a FS que no se equivoque –se le acerca cada cual con su inteligencia y discernimiento propios, valido de las enseñanzas de su propia tradición y de su propia experiencia metafísica, y no para pedir una enseñanza que las reemplace o que sea una condición previa para ellas. 

Dicho esto, solamente conocemos la obra de Frithjof Schuon, no la del sheikh Aissa. Imaginamos que, en este último caso, los criterios cambian: para dirigir otros, la falibilidad con respecto a tales asuntos es mucho más importante que cuando sólo se trata de una obra escrita, en la que el lector se puede aprovechar de la inteligencia contenida en la obra juzgando él mismo sus errores; lo que el discípulo no puede por definición hacer. A este nivel, podemos imaginar que la actitud del sheikh Aissa haya podido ser perentoria, si no usurpadora. 

Para concluir, diremos como lector de FS que, con tal que se sitúe a su obra escrita en sus efectivas dimensiones (pues ni la más bella muchacha del mundo puede dar otra cosa que lo que tiene), y sin pedirle otra cosa que un enriquecimiento del propio discernimiento (a menudo con fórmulas sorprendentes y un sentido cierto de la belleza), se puede considerar que indiscutiblemente pertenece al universo de la "erudición tradicional", a pesar de las pretensiones del mismo Schuon en cuanto a su lugar en ésta. 

Traducción: Antonio Guri

NOTAS
1 Cf. Vladimir Losski, Sobre la teología mística de la Iglesia de Oriente.
2 Ya sea que se la considere otorgada en un bautismo en regla (es decir, para Occidente, antes del Cisma) o cuando la recepción de una bendición paternal.
3 Impresión errónea, sea cual sea la importancia que se dé al Bautismo y a la Comunión.
   
 
 
René Guénon
 
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