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DE LURIA A LUZZATTO: LAS ENSEÑANZAS MARC GARCÍA |
![]() El Arbol sefirótico de acuerdo a la enseñanza de Isaac Luria. Pa’amon ve-Rimmon, Amsterdam 1708. |
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El libro Presencia viva de la Cábala, de Federico González y Mireia Valls,1 dedica un largo acápite a la obra de Isaac Luria, maestro cabalista también conocido como “Ari”.2 De padre oriundo de Alemania o de Polonia —al que pierde de niño—, Luria nace en Jerusalén en 1534. A la muerte de su progenitor, la familia de Isaac parte hacia Egipto y allí es acogida por Mardoqueo Francés, hermano de su madre. Como explica Gershom Scholem, “las tradiciones sobre los años de juventud de Luria, su estancia en Egipto y su iniciación en la cábala están rodeadas de leyendas, y los hechos reales son difíciles de fijar”.3 Se sabe que Luria estudia en Egipto bajo la dirección de David ben Salomón ibn Abi Zimri y de su sucesor, y que durante ese periodo escribe varias obras sobre derecho judío. Hacia los veinte años de edad, el Ari se retira a la isla de Jazirat-el-Rawda, en el Nilo,4 donde se adentra en el esoterismo de su tradición de la mano del Zohar y de las obras de los primeros cabalistas, así como de algunos autores judíos coetáneos entre los que destaca Moisés Cordovero. Se piensa que es en estos años cuando Luria redacta la única obra cabalística que deja por escrito, su comentario al Sifra di-Tzeniuta. Hacia 1570 se establece en Safed con su familia y estudia cábala con Cordovero, a la vez que comienza a impartir sus propias enseñanzas sobre el misterioso mundo de las emanaciones, fruto de sus estudios, meditaciones y vivencias. Cuando Cordovero muere, en ese mismo año, su discípulo Hayyim Vital (1542-1620) se incorpora al círculo del Ari.
Luria no era muy amigo de predicar en público en la sinagoga —frecuentaba la de la comunidad askenazí de Safed—, y lo hizo en pocas ocasiones. A sus alumnos5 les enseñaba oralmente y de manera más bien reservada, a veces dando largos paseos por los alrededores de la ciudad en los que les iba mostrando “dónde se encontraban las tumbas hasta entonces desconocidas de santos personajes, que él descubría gracias a su intuición religiosa y sus revelaciones”.6 Decía que “no era capaz de presentar sus enseñanzas por escrito ya que el desbordamiento de sus ideas no le inclinaba a una sistematización”, y por ese mismo motivo tampoco seguía un guión o temario en sus exposiciones, sino que se dejaba llevar por lo que su inspiración le dictaba en cada momento. Guardó e hizo guardar silencio sobre las revelaciones que transmitía, una reserva que sus alumnos observaron escrupulosamente hasta el día de su muerte en Safed, el 15 de julio de 1572, a causa de una epidemia. Varios discípulos de Luria realizaron recopilaciones cuidadosas de sus enseñanzas en los años posteriores a su traspaso, compendios en los que incluían todo lo que recordaban del magisterio del Ari así como sus propios comentarios e interpretaciones. Aunque la mayor parte de estas recopilaciones se conservan como manuscritos, algunas de ellas fueron publicadas como volúmenes impresos entre 1573 y 1650 y por tal motivo alcanzaron una gran difusión. De entre estas últimas destaca, por su fidelidad, amplitud y grado de detalle, la de Hayyim Vital, la cual puede ser dividida en dos partes: el Etz-ha-Chayyim (El Árbol de la Vida), comentario cabalístico y metafísico muy breve en el que son muy importantes sus referencias geométricas y el tema de los brazos o ramas del Árbol, y el Shemoneh Shearim (Las Ocho Puertas), obra voluminosa en textos y en contenidos. En 1660 se conoció este texto, que ya había circulado manuscrito de forma separada, pues cada una de estas puertas es un libro entero que trata tanto de la doctrina de las emanaciones, como del comentario al Zohar y de muchos tratados talmúdicos de acuerdo con los principios luriánicos. Igualmente se refiere a las meditaciones, plegarias y contemplaciones mágicas a las que Luria llamaba Unificación, inclusive uno de ellos llega a tratar de fisiognomía. También incluye el Sefer ha-Gilgulim (Tratado de las revoluciones de las Almas), que en realidad es el libro octavo de “Las Ocho Puertas” y que trata de la transmigración de las almas, tema con el que [Vital] estaba muy familiarizado, pues lo vivía en carne propia de acuerdo con su autobiografía. En “Las Ocho Puertas” compendia todo el pensamiento de su maestro (aunque escrito de propia mano), con lo que estuvieron de acuerdo los principales sabios judíos del Oriente Medio, lo cual ha sido tomado posteriormente como las enseñanzas verídicas de Luria.7 La organización de los textos de Hayyim Vital en volúmenes fue un proceso largo y no exento de remodelaciones y controversias entre los editores. Parece que el autor denominaba Etz ha-Chayyim al conjunto de los escritos que redactó sobre las enseñanzas del Ari entre 1573 y 1576 (si bien añadió versiones nuevas de algunos capítulos en ediciones posteriores), y debe haber sido a través de este corpus como la cábala luriana llegó hasta Moshé Hayim Luzzatto, el Ramhal.8 Luzzatto nace en el gueto de Padua en 1707, en el seno de una familia noble pero modesta. Se educó en una yeshivá y desde muy joven mostró un gran talento para los estudios cabalísticos. Su maestro, Isaías Bassan —uno de los grandes rabinos de Italia— escribió en una carta que cuando Luzzatto encontró el Etz ha-Chayyim en su biblioteca, “su espíritu se puso a recorrer la llanura de los secretos y comenzó a amarlos y a gozarlos”.9 Se dice que “a los 14 años conocía de corazón y en su totalidad la Cábala de Luria”, que “a los 15 escribió su primer libro sobre esta temática” —seguramente el Klalut ha-Ilan ha-Kadosh o “Compendio sobre el Árbol Santo”, sobre el que volveremos más adelante— y que “con menos de 20 se constituyó a su alrededor un círculo de estudio místico sobre el Zohar, con una clara tendencia mesiánica. Todas estas actividades, unidas a su prolífica labor de escritura y transmisión de textos cabalísticos, hicieron recaer sobre él innumerables sospechas y ataques procedentes de rabinos literalistas y dogmáticos que no dejaron de amonestarlo”.10 El Ramhal explica en una carta de 1729 que un Maguid11 se le ha revelado, y a su dictado “escribe miles de páginas y desvela secretos sublimes”.12 La oposición a Luzzatto se recrudece todavía más, y en 1730 es obligado a firmar una retractación oficial en la que se declara: El deber de todo judío es obedecer lo que dictan los rabinos, incluso si dicen que la mano derecha es la mano izquierda y que la mano izquierda es la derecha, y abstenerse de escribir con el lenguaje del Zohar sobre la cábala en nombre de un Maguid o de almas santas para no provocar querellas entre los sabios de Israel.13 A raíz de ello, el Ramhal entrega los escritos que le han sido dictados por el Maguid a su maestro, el rabino Bassan, quien los encierra en una caja sellada y los envía en custodia al rabino Moisés Alprun de Padua. Cuando Rabí Bassan muere en 1736, la caja con los escritos de Luzzatto es enterrada (y hoy en día continúa bajo tierra). Un año antes, en 1735, un Luzzatto hastiado del acoso que sufría decide abandonar Italia para trasladarse a Holanda; pero el hostigamiento del rabinato intransigente continúa durante su viaje a los Países Bajos. En Frankfurt, un rabino le obliga a firmar otro compromiso por el cual se le impide escribir o estudiar con otras personas textos de cábala hasta cumplir los 40 años —edad que Luzzatto no alcanzará—, si bien el Ramhal se reservó el derecho a seguir estudiando las enseñanzas del Ari. En Amsterdam escribe obras de tipo más bien filosófico y ético, y en 1743 cumple su deseo de viajar a Eretz Israel. Como el Ari y casi a la misma edad, el Ramhal muere durante una epidemia en Acco en 1746. |
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El Klalut ha-Ilan ha-Kadosh El Klalut ha-Ilan ha-Kadosh o “Compendio sobre el Árbol Santo”, texto de juventud de Luzzatto que escapó a las censuras rabínicas que coartaron su labor como cabalista, “es un resumen de la obra maestra del Ari Z’al [transmitida por Hayyim Vital]: el Etz-ha-Chayyim. Describe la evolución de los mundos, de las Sefiroth y de los Partzufim en un lenguaje conciso que retiene solamente lo esencial”.14 La obra del Ramhal, que es breve, se divide en diez capítulos que encabeza el dedicado a la Tsimtsum y la aparición del Adam Kadmon, la primera expresión del Ser Universal, “el arquetipo del cosmos y del hombre”.15 Así comienza: Antes de que el mundo fuera creado, Él y Su Nombre eran Uno. Manifestando su Voluntad, Él retrajo Su luz para crear a todos los seres, dándoles un espacio. No hay existencia que no tenga su espacio. Siendo circular el espacio [del que la luz se retrajo], Ein Sof lo rodeaba por todos lados. Un rayo [Kav] emergió de Él, entró de un lado y formó todos los grados.16 Ellos [las Sefiroth] son diez niveles con cualidades inconmensurables. Diez circulares, y en medio, diez lineales que tienen las cualidades de Ein Sof: bondad, rigor y misericordia.17 Con estas palabras, Luzzatto, en nombre de Isaac Luria y de Hayyim Vital, nos emplaza en la butaca del centro de la platea cósmica para contemplar, a través de un símbolo maravilloso, algo que acontece más allá de todo lo que es, en verdad incomprensible desde la condición humana; y pese a nuestra limitación, esa simbólica, tejida con palabras, nos abre a la vivencia del misterio de la autofecundación de lo infinito por la que el Ser es afirmado en el seno del No Ser. Lo cual no es más que una manera de hablar, porque verdaderamente ¿qué podría decir uno de una realidad que es metafísica, de un Ein Sof en el que “no hay nada ni dónde, ni nunca, ni siempre, ni otra vez, ni lugar posible”?18 El Ramhal describe el origen de los orígenes mediante el símbolo de la Tsimtsum y su relato resuena en la fibra más íntima de nuestro corazón, despertando el afán de acceder a la última puerta del ser y de asomarnos por ella… Nos encontramos, pues, en el ámbito de lo que el Poimandrés hermético denomina “el pre-principio anterior al comienzo sin final”.19 El Ser viene al ser como un punto afirmado en la infinidad más que luminosa del No-Ser, y las diez Sefiroth, sus atributos o refracciones, surgidas cuando el rayo de Ein Sof inflama la cavidad generada por la autorretracción de éste, van a ir modelando mundos arquetípicos. Diez Sefiroth que son esferas y a la vez líneas, y que esbozan los rasgos del Adam Kadmon universal: Diez Sefiroth, interiores y exteriores; sus formas son como las de un hombre, el primero de todos: Adam Kadmon [el hombre primordial]. De las luces de las que estaba investido salieron [como ramificaciones] sus cuatro sentidos: la vista, el oído, el olfato y la palabra.20 También las letras del baruch ha-Schem, el “bendito nombre” impronunciable YHVH que es uno con Ein Sof, van a intervenir en la construcción de los mundos que el Ari y Vital nos van a ir desvelando por boca de Luzzatto. Dichos mundos, a los que cabe adjetivar de pre-cósmicos porque son anteriores a la proyección del Ser Universal como un cosmos ordenado, valga la redundancia, surgen de los órganos y de las extremidades del Adam Kadmon y lo hacen por intermediación de cuatro nombres impronunciables de dos letras denominados miluyim,21 ayin beth (‘AV), samekh guimel (SaG), mem he (MaH) y beth nun (BaN), cuyos valores numéricos (72, 63, 45 y 52, respectivamente) equivalen a la suma de ciertas combinaciones de las letras del Tetragramatón. ‘AV está en la cabeza, sus ramificaciones están selladas y salen de los cabellos de la cabeza. SaG salió de las orejas hacia abajo. Sus ta’amim22 se subdividen en tres niveles: superiores, intermedios e inferiores. Los superiores [provienen] de las orejas, los intermedios de la nariz y los inferiores de la boca (…)23 y así sucesivamente. El primer mundo emanado es el Olam ha-Akudim, literalmente el “mundo de los atados” o “vinculados”, en el que las luces de las Sefiroth permanecen unidas entre sí y envueltas por una misma esfera: Malkhuth salió primero [de la boca del Adam Kadmon], a continuación Zeir Anpin24 y después las demás [Sefiroth hasta Kether]. La fuerza [o consistencia] del Keli25 se hallaba subsumida en ellas. Las más sutiles regresaron y entraron, Kether en primer lugar y a continuación las otras. El resto [que no regresó] se espesó. Se hizo un Keli de las chispas que cayeron del choque entre la luz superior que retornaba con el rastro de la [luz] inferior. Al principio todas eran [como] Nefashot.26 Se beneficiaban unas de otras, a su salida y a su regreso, a cada una según aquello que le conviene hasta la segunda envoltura. Kether permaneció en la boca de Adam Kadmon, las nueve [Sefiroth] restantes salieron y Malkhuth quedó como un Keli sin luz. Todos los Kelim27 forman un único Keli, pero con diez gradaciones; este es [el mundo de los] Akudim.28 Por razones que escapan al entendimiento humano (como escapa también la gestación del Olam ha-Akudim, y no menos la de nuestro mundo), seguidamente surgen diez Sefiroth de cada uno de los ojos del Adam Kadmon para dar paso a una nueva estructura pre-cósmica, el Olam ha-Nekudim o “mundo de los puntos”: De BaN asciendieron y salieron por los ojos; diez Sefiroth del ojo derecho y diez del izquierdo. [Los Kelim] salieron a partir del ombligo y descendieron. Ellas recibieron las luces de lo alto; Kether, Hokhmah y Binah de las orejas, de la nariz y de la boca [del Adam Kadmon], y las restantes [las siete Sefiroth inferiores], de la boca y de más abajo.29 En este mundo de los Nekudim, cada Sefirah posee su propio Keli o vaso. Los de Kether, Hokhmah y Binah se disponen según una configuración de tres columnas en la que Kether ocupa el pilar central y Hokhmah y Binah, los laterales; pero los vasos de las otras siete Sefiroth, de Hesed a Malkhuth, se colocan “uno debajo del otro” formando una sola columna. Esta disposición es más frágil que la de las Sefiroth superiores y los vasos, que son incapaces de resistir la intensidad del torrente de luces vertido desde lo alto, se rompen uno tras otro. Primero salieron diez Kelim y luego sus luces. Las luces descendieron hasta Kether, Hokhmah y Binah y fueron aceptadas; por contra, en las siete [Sefiroth] inferiores, ellas no fueron aceptadas. Las Kelim descendieron [a los planos de Beriyah, Yetsirah y Asiyah], y sus luces remontaron a su lugar [en Atsiluth]. (…) Al principio, todas las partes [de los Kelim] eran iguales. Las luces vinieron pero [las Kelim de las siete Sefiroth inferiores] se rompieron y cayeron. Las [luces] más sutiles de ellas se ocultaron del resto [de las luces]; [de este resto] lo mejor descendió a Beriyah, lo mejor de lo restante a Yetsirah, y lo demás a Asiyah. (…) 288 chispas procedentes de los cuatro ‘AV (‘AV de ‘AV, ‘AV de SaG, ‘AV de MaH y ‘AV de BaN)30 descendieron con los Kelim rotos para darles una subsistencia. Todo lo que descendió, descendió [a causa] del descenso de los reyes,31 y todo lo que retorna y asciende, retorna [a causa] de su retorno.32 Charles Mopsik escribe en su obra Les grands textes de la cabale que a partir de los fragmentos de los vasos rotos “se constituyeron las escorias (qliphot), elementos de la potencia tenebrosa del Otro lado [el Sitra Ahra, o mal]”.33 El autor añade: Estos fragmentos de los vasos o reyes muertos estuvieron también en el origen de la materia. Vivimos en un mundo hecho de los restos de aquellos vasos de luz. Dichos restos mantienen cautivas las chispas que no han podido reintegrarse a su dominio espiritual y se encuentran mezcladas con las escorias. Así, esos destellos de la luz divina permanecen encerrados en las escorias y, paradójicamente, son su única fuente de vitalidad y de alimento ontológico, de modo que el bien está obligado a vivificar al mal. Estas “escorias” (siguim) que constituyen la materia del mundo de aquí abajo son las prisiones de las luces del Hombre Primordial que fueron incapaces de liberarse de su propio movimiento.34 Tras el desbaratamiento del Olam ha-Nekudim se va a operar una restauración (tikun) del orden destruido a través de unas nuevas arquitecturas, los Partzufim (su traducción literal es “configuraciones”). Nos cuenta el Ramhal: [Diez Sefiroth de] MaH salieron de la frente [del Adam Kadmon]; éste seleccionó e hizo a partir de todos los Kelim rotos, cinco Partzufim [Arik Anpin, Abba, Imma, Zeir Anpin y Nukva]. A continuación, realizó a Atik por encima de éstos,35 y de la parte trasera de Abba e Imma hizo a Yaakov y Leah.36 Los Partzufim se vertebran a partir de diez Sefiroth asociadas al miluy MaH, que en esta ocasión emanan de la frente del Adam Kadmon, y de otras diez Sefiroth vinculadas a BaN, el miluy inferior: De Hokhmah de MaH y de la mitad de Kether de BaN,37 y de lo que se necesitaba del resto,38 será realizado Arik Anpin.39 De Binah de MaH y de Hokhmah y Binah de BaN, y de lo que se necesitaba del resto,40 serán realizados Abba e Imma.41 De las siete Sefiroth inferiores de MaH y de las siete Sefiroth inferiores de BaN, será realizado Zeir Anpin.42 De Malkhuth de MaH y de Malkhuth de BaN, será realizado Nukva.43 Su reparación (tikun) es por el principio masculino y el principio femenino.44 A partir de [lo masculino y lo femenino], son reparados por la unión [zivug],45 la gestación, el nacimiento y el crecimiento.46 Y prosigue: El zivug, ¿de qué manera se hace? La Nukva47 [del Partzuf superior] eleva a Mayim Nukvin [las aguas de Nukva o el deseo femenino], lo que comporta la selección [y ascenso] de los Kelim;48 a continuación, en correspondencia, descienden las luces de MaH. Estas últimas son introducidas en Nukva para ser reparadas en su seno. En esto consiste la gestación. Ellas [las luces y sus Kelim] alcanzan sus posiciones. Esto es el nacimiento. Cuando el Partzuf inferior se reviste del Partzuf superior y alcanza su talla: de esto se trata el crecimiento. Previamente, [el Partzuf inferior] mama del Partzuf superior porque de él depende. Luego, crecido y vestido, [el Partzuf inferior] se hace independiente.49 Y es a través de estos procedimientos simbólicos como se va efectuando el tikun del “universo de la rectificación”, acción por medio de la cual el Ser en ciernes vendrá a ser el Ser que se manifiesta cósmicamente, si así pudiera decirse. El tikun de Arik Anpin se realiza por medio del zivug de Atik consigo mismo, y Abba e Imma surgen simultáneamente del zivug interior de los aspectos masculino y femenino de Arik Anpin. Zeir Anpin es fruto de la unión de Abba e Imma, y el fundamento de la construcción de Nukva son las luces que le aportan Abba, Imma y Zeir Anpin. Luzzatto dedica varios capítulos del Klalut ha-Ilan ha-Kadosh a la descripción pormenorizada de estas operaciones tan misteriosas de reconstrucción en las que también intervienen los trozos rotos de los Kelim, que se recomponen en los Partzufim y son por fin capaces de albergar a las luces de las Sefiroth. En palabras de Charles Mopsik, el zivug de Abba e Imma, que “ocupan el lugar de las Sefiroth Hokhmah y Binah” (como Arik Anpin el de Kether), “es el arquetipo de todos los acoplamientos que ocurren en los grados inferiores de la emanación” y “se produce por la elevación de las 288 chispas dispersas por la rotura de los vasos y su retorno a las entrañas de la Madre (Imma)”. En ausencia de esas chispas caídas “no puede haber unificación alguna en el mundo de la emanación”. Pero el tikun universal no se completa solamente con la “actividad autógena de las luces superiores que se estructuran y las Configuraciones [Partzufim] consecutivas”;50 por mor de un diseño arcano, también el ser humano es llamado a intervenir, cumpliendo una misión de carácter teúrgico: La obra del hombre es el último toque que hay que dar al cuadro de la restauración universal. Esta [obra] consiste en hacer remontar las chispas de luz todavía aprisionadas por las escorias [qliphot] a su fuente divina, a provocar el acoplamiento de las Configuraciones [Partzufim] Abba e Imma (Hokhmah y Binah) y Zeir Anpin y Nukva (Tifereth y Malkhuth), a restaurar el mundo inferior de la Concreción material (Asiyah) a fin de que vuelva a encontrar su lugar espiritual ideal, despojándolo completamente de las escorias, las que, desprovistas de toda vida divina, devendrán finalmente inertes e impotentes.51 No es poca cosa la encomienda que recibe la humanidad y lo que ella conlleva: completar el tikun universal por medio de “la restauración del mundo de Asiyah en su lugar espiritual, su separación completa del mundo de las qliphot o ‘cáscaras’, y el logro de un estado permanente, dichoso, de comunión entre cada creatura y Dios que las qliphot no podrán destruir ni evitar”.52 Una gesta que conlleva dejar sin sustento vital al Sitra Ahra, al Otro lado oscuro y poderoso y a sus estructuras invertidas. El Ramhal lo describe así: El Sitra Ahra, ¿de dónde procede? Como se ha dicho: “Yo modelo la luz y creo la tiniebla, Yo hago la paz y creo el mal”.53 Él forma la luz – se trata de la derecha; Él crea la oscuridad – se trata de la izquierda. Él hace la paz – son los ángeles de paz; Él crea el mal – se trata de Samaël. Los ángeles de paz forman diez grupos; ellos sirven a las diez Sefiroth de la derecha. Los ángeles de destrucción forman diez niveles; ellos sirven a las diez Sefiroth del lado izquierdo. A este respecto, se ha escrito: “Tanto uno como otro, Dios los hace”.54 Cuatro niveles – cuatro qliphot (escorias); se trata de los mundos de Samaël. Ellas obstruyen la luz de las Sefiroth, y lo alejan [al hombre]. A causa de las [malas] acciones de los seres inferiores, estas fuerzas surgen y hacen el mal en el mundo (…),55 un mal nacido de las escorias de la emanación cósmica y que también forma parte del Ser Universal porque no puede haber nada que esté fuera del Todo. Aunque propiamente, “desde el punto de vista universal, el Mal no existe. Existirá únicamente si consideramos las cosas bajo un aspecto fragmentario y analítico, separándolas de su Principio común, en lugar de considerarlas sintéticamente como contenidas en este Principio, que es la Perfección. Así es creado lo imperfecto; el Mal y el Bien son creados al distinguirlos el uno del otro, y, si no hay Mal, no hay motivo para referirse al Bien en el sentido ordinario de esta palabra, sino únicamente a la Perfección”.56 En el último capítulo del Klalut ha-Ilan ha-Kadosh se presenta sucintamente la doctrina luriana sobre las almas. Escribe Luzzatto: El servicio divino lo hacen las almas. Ellas poseen cinco nombres: Nefesh, Ruah, Neshamah, Hayah y Yehidah. Sus raíces derivan de los cinco Partzufim. Así, Hayah y Yehidah son de Atsiluth, Neshamah de Beriyah, Ruah de Yetsirah y Nefesh de Asiyah. La fuerza del hombre fluye, pues, desde Malkhuth de Asiyah hasta Kether de Atsiluth.57 Como está escrito: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, a nuestra semejanza, y que domine sobre las criaturas del océano…”. Si el alma humana se proyecta en todos los planos del Ser (“desde Malkhuth de Asiyah hasta Kether de Atsiluth”), también ella debe ser objeto de restauración en el tikun universal. El tikun de Neshamah58 se realiza por el guilgul [la transmigración] y el ibbur [la impregnación].59 ¿De qué manera? El servicio de Neshamah es la realización de 613 Mitzvot;60 cuando las ha cumplido, alcanza el reposo; si no, regresa y transmigra. Ella [Neshamah] no transmigra completamente, sino sólo las partes que requieren de restauración [tikun]. Y prosigue el Ramhal: ¿Qué es el gilgul y qué es el ibbur? El guilgul es [la transmigración de un alma] desde el nacimiento hasta la muerte. El ibbur [la agregación de otra alma a su alma primaria] puede venir y marchar en cualquier momento. Las Mitzvot que está obligada a cumplir, el alma las cumple mediante el guilgul; las que no tiene la obligación de cumplir,61 las cumple por el ibbur, [y el alma que viene] parte a continuación.62 * Hasta aquí nuestro breve recorrido por el Klalut ha-Ilan ha-Kadosh. Y ya vemos, el panorama inmenso que se nos ha revelado mientras estábamos cómodamente sentados en la butaca del centro, esa laboriosa construcción protagonizada por un Ser afirmado misteriosamente en el seno del No Ser que ensaya diferentes configuraciones para su cosmos hasta fijarlo63 —lo que no es más que una manera de decir—, no puede concluirse sin nuestro concurso. Lo cual se nos puede antojar como una locura, o más bien una invitación a una labor titánica, que lo es. Aunque en realidad no hay muchas cosas que debamos hacer; a decir verdad, sólo una: bendecidos por la gracia, llevar a nuestras almas hasta lo más alto de la mano de los ritos de conocimiento de la tradición a la que nos hemos adherido y de sus soportes, los símbolos. El propósito mayor de la transmisión de las imágenes simbólicas suscitadas y vividas en el pensamiento inspirado del Ari a partir de la meditación en las enseñanzas de sus ancestros,64 imágenes transcritas por Hayyim Vital y vehiculadas sintéticamente por Luzzatto, es que las podamos contemplar y comprender como lo que son: los anales secretos de la gestación del Ser, de nuestro ser, en un no-lugar y no-tiempo anterior a la existencia. Y que haciéndolo, podamos elevarnos por la vivencia de lo que somos en toda su plenitud. Las chispas que brillan en nuestro interior son las que restan por liberar de las densidades que las oscurecen y aprisionan. Son las luces que hay llevar a su origen en todo su esplendor para que se pueda completar el tikun universal. |
| NOTAS | |
| 1 | Federico González y Mireia Valls. Presencia viva de la Cábala. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2006. Integramente en versión online: Presencia Viva de la Cábala. |
| 2 | Es el acrónimo de “Rabí Isaac Askenazí”. En hebreo, ari significa “león”. |
| 3 | Gershom Scholem. Grandes temas y personalidades de la Cábala. Ed. Riopiedras, Barcelona, 1994. Los demás apuntes biográficos sobre Luria que se consignan aquí proceden de la misma fuente. |
| 4 | Hoy en día es un distrito de El Cairo. |
| 5 | Es probable que Luria, quien huía más bien de lo multitudinario y notorio, no tuviera muchos discípulos —se conoce el nombre de unos treinta de ellos—. Se dice que el famoso rabino Joseph Caro pidió ser admitido en su círculo y que el Ari no lo aceptó. Ver Gershom Scholem, op. cit. |
| 6 | Ibid. |
| 7 | Federico González y Mireia Valls, Presencia viva de la Cábala, op. cit. |
| 8 | Ramhal es el acrónimo de “RAbí Moshé HAim Luzzatto”, apelativo usado frecuentemente en la literatura sobre la cábala. Los datos que citamos de su biografía proceden principalmente de la introducción a la obra La Kabbalah du Ari Z’al selon le Ramhal, con textos de Luzzatto traducidos al francés y comentarios de Rav Raphaël Afilalo (Éditions Ramhal, Jerusalén, 2004). |
| 9 | La Kabbalah du Ari Z’al selon le Ramhal, op. cit. |
| 10 | Federico González y Mireia Valls, Presencia viva de la Cábala, ibid. |
| 11 | Un Maguid es un “ángel, o voz de un ángel”, o una “personificación de lo que se estudia”, ibid. |
| 12 | La Kabbalah du Ari Z’al selon le Ramhal, ibid. |
| 13 | Ibid. El compromiso contraído no impedirá a Luzzatto seguir escribiendo sobre cábala. Entre 1730 y 1734 compondrá más de 40 obras, aunque no en nombre del Maguid. |
| 14 | Ibid. En lo sucesivo nos valdremos de la traducción del Klalut ha-Ilan ha-Kadosh al francés de Rav Raphaël Afilalo, y en ocasiones, de la versión castellana de traductor anónimo editada por Amazon Francia en 2021, una publicación descuidadísima que lamentamos no poder recomendar al lector. |
| 15 | Federico González. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada “Adán”. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013. Integramente en versión online: Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. |
| 16 | En una nota de la versión francesa se dice que estos grados son las Sefiroth. Al replegarse de sí, Ein Sof deja atrás un residuo de su luz más que luminosa (reshimu) que el rayo (Kav) fecunda. Las Sefiroth brotan de esta autoinseminación en lo infinito. |
| 17 | Klalut ha-Ilan ha-Kadosh, cap. 1, op. cit. Estas cualidades prefiguran la posterior organización de las Sefiroth en tres pilares. |
| 18 | Federico González Frías, poema “Nombrando lo Innombrable”. Del volumen del autor Antología. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2008. |
| 19 | Corpus Hermeticum. Ed. Índigo, Barcelona, 1998. |
| 20 | Klalut ha-Ilan ha-Kadosh, cap. 1, op. cit. |
| 21 | La palabra miluyim significa “deletreos” o “compleciones” (de las cuatro letras del Tetragrama). |
| 22 | “Signos de cantilación” que indican la acentuación y la entonación de las letras hebreas. |
| 23 | Ibid., cap. 1. |
| 24 | De Yesod a Hesed. Ver nota 42. |
| 25 | Keli es el nombre del receptáculo o vaso luminoso de cada Sefirah, y Or el de su luz propia. Ver La Kabbalah du Ari Z’al selon le Ramhal, ibid. |
| 26 | Como almas. |
| 27 | Plural de Keli. |
| 28 | Klalut ha-Ilan ha-Kadosh, cap. 1, ibid. |
| 29 | De la barbilla, cap. 2, ibid. |
| 30 | Como hemos visto, el valor numérico del miluy ‘AV es 72, y 4x72=288. O sea que las chispas que caen a la par que los fragmentos rotos de los vasos están signadas por el Nombre que es Uno con Ein Sof. |
| 31 | En un pasaje anterior del Klalut ha-Ilan ha-Kadosh, Luzzatto escribe que los siete Kelim que se rompen y descienden “son los reyes que reinaron sobre la tierra de Edom antes de que reinara rey alguno sobre los hijos de Israel”, parafraseando un versículo del capítulo 36 del libro del Génesis. De ahí que los cabalistas se refieran en ocasiones a la rotura pre-cósmica de los vasos (chevirat ha-kelim) como “la muerte de los reyes” (mittat ha-melakhim). Por otra parte, en la obra El Rey del Mundo, René Guénon apunta que los siete reyes de Edom son, en el ámbito de lo manifestado, el símbolo de “los antiguos mundos, o las creaciones anteriores a la nuestra”. René Guénon. El Rey del Mundo. Ed. Luis Cárcamo, Madrid, 1987. |
| 32 | Klalut ha-Ilan ha-Kadosh, cap. 2, ibid. |
| 33 | Luzzatto dedica el capítulo noveno de su obra a la descripción del Sitra Ahra, ámbito en el que las qliphot bloquean la luz de las Sefiroth y las suplantan. |
| 34 | Charles Mopsik. Les grands textes de la cabale. Ed. Verdier, Lagrasse, 1993. |
| 35 | Atik es el vínculo de los cinco Patzufim principales (Arik Anpin, Abba, Imma, Zeir Anpin y Nukva) con el Adam Kadmon. |
| 36 | Yaakov y Leah son dos Patzufim secundarios. Klalut ha-Ilan ha-Kadosh, cap. 3, ibid. |
| 37 | La otra mitad de Kether de BaN se une a Kether de MaH para conformar a Atik. Esta imagen simbólica tan paradójica de la “partición” de Kether, la unidad, en dos mitades —una que se integra en Atik y la otra en Arik Anpin— evoca la unión indisociable de los Partzufim con el Adam Kadmon. |
| 38 | Es una alusión a los fragmentos de los vasos de luz rotos (Kelim), que también intervienen en la construcción de los Partzufim y el tikun universal. |
| 39 | Arik Anpin es “idéntico al término griego Macroprosopos” y “significa el ‘Rostro Mayor’, correspondiéndose con el mundo de Atsiluth, la Creación increada o la Ontología”. Es “la cara oculta, inimaginable, de lo supracósmico. El ‘anciano entre los ancianos’”. Federico González y Mireia Valls. Presencia viva de la Cábala, ibid. |
| 40 | Ver nota 38. |
| 41 | Abba “designa el segundo partzuf principal del ‘mundo de la restauración o rectificación’, en correspondencia con Hokhmah, la segunda sefirah”. Es llamado “Padre superior”. Imma, el tercer partzuf, es la “Madre” y está “en correspondencia con Binah”, ibid. |
| 42 | Zeir Anpin es “idéntico al término griego Microprosopos, es decir, ‘Rostro menor’, que engloba los mundos de Beriyah, Yetsirah y Asiyah (Creación, Formaciones sutiles y Concreción material). El Anciano, el Viejo, el Santo entre los santos. Es el Gran Rostro (Arik Anpin) visto a través de las cortinas (de la Creación)”, ibid. |
| 43 | Nukva es la “Hija”, el “quinto partzuf principal que se corresponde con Malkhuth, la décima sefirah y se desposa con el Hijo (Zeir Anpin)”, ibid. |
| 44 | En una nota de la versión francesa se glosa el significado de esta frase: “Por la unión de las Sefiroth del aspecto masculino de MaH y del aspecto femenino de BaN”. |
| 45 | La traducción de zivug es propiamente “acoplamiento” (en este caso, entre los Partzufim). Unos Partzufim son masculinos, otros son femeninos y otros —como Arik Anpin— participan de ambos sexos. |
| 46 | Klalut ha-Ilan ha-Kadosh, cap. 3, ibid. |
| 47 | Aquí Nukva alude, de modo genérico, al aspecto femenino que complementa y se une con el masculino, ya sea en el interior de un mismo Partzuf o mediante la cópula de un Partzuf femenino con otro masculino. |
| 48 | Ver nota 38. Más adelante se dice “que el ascenso de los Malkin [reyes o Kelim] dura 40 días”, cap. 3, ibid. |
| 49 | Cap. 3, ibid. |
| 50 | Charles Mopsik. Les grands textes de la cabale, op. cit. |
| 51 | Ibid. |
| 52 | Para la cábala, la oración, y de manera especial la meditación en los nombres divinos, permite al hombre “una peregrinación espiritual por los reinos de lo alto tratando de integrarse en la estructura jerárquica y de contribuir a su modo en la restauración de lo que había quedado dañado en ellos”. La oración del corazón es un medio adecuado para llevar a cabo su misión porque “encierra un aspecto de ‘magia interior’ gracias a la cual tiene el poder de ayudar a ordenar y restaurar los mundos superiores”. Gershom Scholem. Desarrollo histórico e ideas básicas de la Cábala. Ed. Riopiedras, Barcelona, 1994. |
| 53 | Cf. Is 45, 7. |
| 54 | Cf. Qo 7, 15. |
| 55 | Klalut ha-Ilan ha-Kadosh, cap. 9, ibid. |
| 56 | René Guénon. El demiurgo. Revista SYMBOLOS nº 8, Guatemala, 1994. |
| 57 | Cf. Gn 1, 36. Se dice que en cada plano del Árbol de la Vida hay un árbol sefirótico completo, siendo Malkhuth en Asiyah el aspecto más material del Ser Universal y Kether en Atsiluth el más alto y sutil. |
| 58 | Es el aspecto superior del alma humana en el ámbito de la Creación. |
| 59 | Ibbur “difiere de transmigración (guilgul) en que es la entrada temporal de un alma adicional en otra, para un fin determinado”. Presencia viva de la Cábala, ibid. Luzzatto lo aclara más adelante. |
| 60 | Las Mitzvot son los “mandamientos, y también preceptos u ordenanzas. En la Torah están contenidas 613 (248 positivas, como el número de huesos y órganos masculinos, y 365 negativas, como el de los días del año)”, ibid. Desde un punto de vista esotérico, las Mitzvot son el símbolo de todas las acciones rituales que acompañan e impulsan al iniciado en el camino en pos de su destino, que no es otro que el retorno a su origen. |
| 61 | En nota de la versión francesa se apunta este significado exotérico: “Mitzvot que le es imposible realizar, tal como la circuncisión de un hijo que no se ha tenido, etc.” Esotéricamente, serían ritos que el iniciado no puede llevar a cabo por las condiciones particulares de su ser en los planos físico y psíquico. |
| 62 | Klalut ha-Ilan ha-Kadosh, cap. 10, ibid. |
| 63 | La simbólica de un principio generador que ensaya distintas creaciones también está presente en otras tradiciones, como la maya quiché (Popol Vuh). |
| 64 | Ya el círculo de Iyyún provenzal escribía, en la baja Edad Media: “La Causa de las causas no tiene ni comienzo ni lugar ni límite. Cuando quiso en su voluntad crear los mundos, éstos no eran aprehensibles ni visibles. Luego vino la voluntad, y de su gran luz emanaron diez puntos interiores que son como una luz que eclipsa la del sol”. Así mismo, en la doctrina luriana sobre la construcción de los mundos arquetípicos con las diez Sefiroth y las letras que integran los miluyim advertimos un eco del Sefer Yetsirah: “Con 32 senderos místicos de Sabiduría grabó Yah / el Señor de los Ejércitos / el Dios de Israel / el Dios viviente / Rey del Universo / El Shaddai / Clemente y Misericordioso / Elevado y Exaltado / que mora en la Eternidad / cuyo nombre es Santo –Él es sublime y Santo–. / Y creó Su Universo / con tres libros (Sepharim) / con texto (Sepher) / con número (Sephar) / y con comunicación (Sippur)”. Y en relación a las enseñanzas sobre las almas y sus grados, Azriel de Gerona explicaba en una carta escrita allá por el siglo XIII: “Lo que es visible se manifiesta a partir de la Luz Oculta, de la que derivan la Luz Emanatriz, la Luz de la Emanación y la Luz Emanada; a continuación la Luz del Espíritu llamada yehidá, la Luz del Espíritu llamada hayá, la luz del Espíritu llamada ruah, la luz del Espíritu llamada nefes, la luz del Espíritu llamada nesamá y la Luz del Cuerpo”. Citas extraídas de Federico González y Mireia Valls. Presencia viva de la Cábala, ibid. |
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