SYMBOLOS

Revista internacional de
Arte - Cultura - Gnosis
COMENTARIO AL INFIERNO
DE LA DIVINA COMEDIA

(Segunda parte)

CARLOS ALCOLEA


El Universo, en efecto, (...) se concibe, grosso modo, como constituido por tres regiones —Cielo, Tierra e Infiernos, o Cielo, Tierra y Hombre en la Tradición China—, unidas entre sí por un eje central. El simbolismo mediante el cual se expresa la solidaridad y la comunicación entre las tres zonas cósmicas es bastante complejo y no está siempre exento de contradicciones; este simbolismo tiene una historia y ha sido muchas veces contaminado y modificado en el curso del tiempo por otros simbolismos cosmológicos más recientes. Pero el esquema esencial continúa siendo transparente, incluso después de las muchas influencias sufridas. Existen tres grandes regiones cósmicas, que se pueden atravesar sucesivamente porque están unidas por un eje central. Este eje pasa, desde luego, en cada una de ellas, por una abertura, por un “agujero”, y por este agujero los dioses descienden a la Tierra y los muertos bajan a las regiones subterráneas o ascienden a las celestes; asimismo por él, el alma del chamán en éxtasis puede subir o bajar durante sus viajes al Cielo o a los Infiernos (inframundo).*

Bajaré hasta la Aniquilación y la Muerte Eterna, no sea que venga el Juicio Final y me encuentre sin aniquilar, y yo sea agarrado y entregado en manos de mi propia Egoticidad.**


Luis de Riaño.
San Miguel Arcángel, 1640.

Nuevos tormentos y nuevos azotadores materializan ahora en el escenario de la conciencia. Diez escenas representativas sintetizan otros tantos estados tenebrosos y sus eternos giros y reiteraciones obsesivas. Dante lo describe como fosas concéntricas que integran el octavo y penúltimo círculo de los nueve que constituyen de hecho el Infierno. El centro es un pozo muy ancho y profundo al que se llega atravesando dichas fosas que lo circundan, de manera que recuerda aquellas enormes zanjas que rodean y protegen las murallas de una fortaleza cuyo paso es posible en este caso mediante puentes (escolleras) que “atraviesan márgenes y fosas hasta el pozo con el que entroncan y a todas reúne”.1


Sandro Botticelli. Divina Comedia. “Infierno”, detalle, c. 1480.
Recreación del recorrido que realizan Dante y Virgilio
por las diversas fosas a través de las escolleras.

Al llegar al lugar desde el que se contempla la primera fosa, Dante comenta que está llena a rebosar de “nuevas lástimas” y sufrimientos. “En el fondo”, nos dice, “estaban desnudos los pecadores” (pecado=error). Y añade:

De la mitad para acá venían en dirección contraria a nosotros, y de la mitad para allá en la misma pero con paso muy veloz, como los romanos ordenan la multitud del año jubileo, y por el puente ha de pasar en dos direcciones opuestas, pues de un lado todos miran al castillo y van hacia San Pedro, y del otro van hacia el monte.2

Acaso está apuntando veladamente a la idea de polaridad y complementación de los contrarios, presente en la tradición cristiana y su predecesora romana a través de estas entidades pontificales que como la propia palabra indica ejercen como puente entre lo divino y lo humano.3

En esta fosa, rufianes y seductores están a merced de unos demonios cornudos que los fustigan por comerciar con vidas humanas. Hay quienes van en dirección contraria a la tomada por Dante, estos por interés venderían a su propia hermana (alma). Y los hay que caminan en la misma dirección y por ello cuesta verles la cara. Aquí interviene Virgilio (enseñanza doctrinal) y parece referirse de manera velada a fijarse en el traidor que está en uno mismo, reflejado en aquellos malnacidos. Es el caso de Jasón (quién lo hubiera dicho), prototipo del héroe que entre sus hazañas destaca la de conquistar el vellocino de oro en compañía de los argonautas (con ayuda de Medea, todo hay que decirlo), como parte de los trabajos que su tío Pelías le encomienda para quitárselo de encima y quedarse con el trono. Pero en contra de lo que se esperaría, Jasón regresa triunfante de su gesta considerada un símbolo del viaje que realiza el iniciado en pos de su destino, o bien la transmutación del plomo en oro. Pero el hecho es que Dante lo sitúa en este valle de tribulaciones (el primero y más periférico de los diez que circundan el pozo central), sufriendo torturas por faltar a su palabra engañando con verbo cautivador para obtener lo que es de su interés como persona.4 Según nos dice el texto correspondiente:

…con artificios y pulidas palabras, engañó a Hipsípila. (…) Dejóla allí grávida y abandonada, y por tal culpa se le condena a este martirio, que vale también de venganza a Medea.5

Con respecto a Hipsípila, la historia sagrada narra que siendo reina de Lemnos (isla griega del mar Egeo), Afrodita maldice a todas las mujeres del lugar por descuidar los santuarios dedicados a ella, lo que traerá funestas consecuencias tales como el exterminio de todos los varones a manos de las mujeres, exceptuando el padre de Hipsípila. Cuenta Ovidio en su Heroidas que Jasón recala con los argonautas en la isla, donde son recibidos con encantadoras atenciones propias de la energía de lo femenino “aspecto pasivo de la dualidad universal, de lo que dan cuenta las diosas y dioses”.6 Energía eminentemente acogedora, cálida y envolvente que promueve en Jasón (protegido de Atenea, diosa que simboliza la sabiduría) el deseo de unirse con Hipsípila, a la que deja encinta partiendo del lugar con la promesa de regresar una vez conquistado el Vellocino. Empero, habiendo arribado a la Cólquida donde se halla el preciado vellón mágico es informado por Medea, hija del rey, de la dificultad y riesgo de la empresa. Esta, enamorada de Jasón promete favorecerle bajo juramento de matrimonio. Respecto a ella, nos dice Federico Gonzalez Frías en su Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos:

La de los bellos tobillos, según Hesíodo, es nieta del sol (Helios) y su madre es una Oceánida, o bien se la considera descendiente de Hécate, y por lo tanto con grandes poderes mágicos, un prototipo de la hechicera. Así es que gracias a ella Jasón es capaz de conquistar el Vellocino de oro (entre otras acciones durmió hipnotizándolo al dragón que lo custodiaba), para lo cual traicionó a su padre (Eetes) y lo dejó, embarcándose con Jasón, —y los argonautas. Se casó finalmente con él, teniendo dos hijos.

Fueron perseguidos tenazmente y al volver Medea a Yolco se vengó del rey Pelias —que a su vez había conspirado contra Jasón— y mediante artimañas mágicas lo hirvió en un caldero después de haber engañado a sus hijas que antes de la cocción lo habían desmembrado cumpliendo una orden suya.

Otro de sus conjuros fue el envenenar el traje de la hija de Creonte, su rival amorosa, con quien le había sido infiel Jasón, la cual se sintió invadida por un fuego tal que se convirtió en llamas que incendiaron el palacio y al mismo Creonte mientras ella escapaba hacia Atenas en un carro solar, no sin antes asesinar a los hijos del propio Jasón. Prosiguió allí con sus aventuras macabras y trató de matar a Teseo y fue desterrada de esa ciudad para volver al reino de su padre el cual había sido destronado por su hijo, el hermano de Medea, al que hizo matar para restituir en su trono a aquél. Y eso la redime —de modo circular— de todos sus errores y traiciones. Como tantos otros elegidos Medea no ha muerto y aguarda en el Olimpo junto con Helena la culminación de un ciclo del que por algún ignoto motivo ellas son mitos importantes, deidades. Hay que tener bastante cuidado.7

Situados ahora sobre el margen que da al segundo foso (un estercolero de heces) y que sirve de apoyo para otro arco, se oyen lamentos de las sombras que allí se hallan. Una de tantas bañada por los excrementos, asegura estar ahí por las lisonjas de las que no se sació jamás su lengua. Y de nuevo Virgilio dirige nuestra atención hacia el rostro de cierta meretriz que también practica la adulación como moneda de cambio, dominios donde lo común es venderse por un plato de lentejas.


Gustave Doré, 1861.

Comienza el canto XIX invocando a Simón el mago, personaje que con engaños pretendió ser quien no era y fue considerado como “gran poder de dios” por una multitud. Por si esto fuera poco creyó posible comprar los dones del Espíritu (prebendas eclesiásticas y beneficios varios), lo cual habla a las claras acerca de las energías que se mueven en este tercer foso.8 Dante lo describe lleno por todos los lados y en el fondo de agujeros redondos y de igual tamaño. En cada uno de ellos pueden verse las piernas de un pecador que sobresalen, quedando el resto del cuerpo en el interior. Como quiera que les arden las plantas de los pies, las sacudidas que dan son tremendas e incesantes. Imagínese la escena con millares de pies ardientes agitándose constantemente. Interesado Dante por uno de los que con más intensidad patalea, su mentor le propone llevarlo al punto donde se encuentra, para saber de él y de sus errores. Se trata del papa Nicolás III, que confiesa su avidez y augura un destino semejante a los papas Bonifacio VIII y Clemente V. Este último responsable directo a las órdenes de Felipe IV el hermoso (rey de Francia y de Navarra) de eliminar la Orden del Temple, lo cual es bien grave pues evidencia una subordinación del poder eclesiástico (espiritual-exotérico) al monárquico (temporal) y refleja con nitidez la decadencia de ambos, especialmente la que concierne a la iglesia que ya ni siquiera reconoce en su seno la necesidad de lo esotérico representado por la mencionada orden iniciática (Temple) depositaria del saber intelectual-espiritual en su vertiente cristiana. No es para menos entonces el tono riguroso que utiliza Dante hacia quien allí se encuentra padeciendo tribulaciones y hacia todos los que como él entristecen al mundo con su avaricia ensalzando a los corruptos y oprimiendo a los íntegros. Y los equipara con la bestia descrita por Juan en el Apocalipsis y con dotes más que demostradas para hacer “a Dios de oro y plata”.


Gustave Doré, 1861.

Llevados por Virgilio, instrumento y medio para culminar con éxito nuestro recorrido por los bajos fondos de la psique (mediante lo cual ser catapultados a lo más alto e insondable), llegamos a lo alto del arco que salva el cuarto foso en el que en procesión interminable circula gente llorando en silencio, forzosamente obligada a caminar hacia atrás ya que no pueden ver hacia adelante pues tienen el rostro vuelto hacia la espalda. Este retorcimiento de la figura humana en determinado estado se presenta en aquellas personas que en cierto modo tratando de mirar demasiado adelante toman aquí (a nivel infrahumano=infierno) el camino hacia atrás. Estas son las consecuencias de transgredir ciertos límites haciendo de menos la sagrada función de vate.9 Tan lamentables son las circunstancias de los que aquí se hallan que es difícil no caer en la necedad de compadecerse por los que sufren la densidad tamásica del error. Anfiarao es uno de estos. En vida formó parte del ejército reclutado para marchar contra Tebas. La expedición se organizó para tratar de hacer cumplir el acuerdo por el que Polinices y Etéocles (ambos hijos de Edipo) gobernarían un año cada uno.10 En cuanto al adivino en cuestión, por un engaño de su propia esposa se ve obligado a participar en la guerra contra Tebas aunque sabe que perecerán todos a excepción del que la organiza.11 En efecto, según narra Apolodoro en su Biblioteca, libro III 6-8, mientras Anfiarao huye del enemigo en su carro, Zeus lanza un rayo que abre la tierra y se lo traga. Virgilio explica que cayó hasta donde el juez Minos (segundo círculo) quien lo envió al foso en el que ahora se encuentra.

Tiresias es otro de los que aquí se distinguen. Damos a continuación uno de los enigmáticos pasajes de la Metamorfosis de Ovidio en que aparece este hombre. Desde un punto de vista dual (exotérico) dicho pasaje se presenta contradictorio con respecto a la situación caída del personaje que es la que propone Dante al ubicarlo en el cuarto foso del octavo círculo del Infierno, donde padecen los fraudulentos que en vida ejercieron funciones augurales. Pero si recordamos que la unidad está determinada por su propia afirmación de manera que se hace dos aunque “es lo mismo, porque la dualidad vuelve a la centralidad, es decir, la conjunción de opuestos”,12 o en otras palabras, que los hombres son los estados inferiores de los dioses y los dioses los estados superiores de los hombres, entonces se entenderá que el pasaje del mito relatado por Ovidio, sugiera que dicho personaje representa un elevado y profundo estado de la conciencia que aúna lo masculino y lo femenino, es decir, la idea de la androginia, origen de todos los pares de opuestos. Por algo será que incluso los dioses recurren a este oráculo de la manera que nos disponemos a ver:

…cuéntase que Júpiter, encontrándose eufórico por el néctar, dejó a un lado sus graves inquietudes y se puso a bromear despreocupadamente con Juno, que también estaba libre de cuidados, y le dijo: “desde luego es mayor el placer vuestro que el que alcanzan los varones”. Ella le contradice. Decidieron consultar el parecer del sabio Tiresias; conocía este los dos aspectos del amor; pues con un golpe de su bastón había maltratado los cuerpos de dos grandes serpientes que estaban en cópula en la verde selva, y, convertido, cosa prodigiosa, de hombre en mujer, había pasado así siete otoños; al octavo vio de nuevo a las mismas serpientes y dijo: “Si el poder de los golpes que recibís es tan grande que hace que se transforme en su contraria la naturaleza de quien os los da, voy a heriros también ahora”. Una vez apaleadas las mismas culebras, reapareció su figura anterior y vino su figura natal. Designado, pues, como árbitro en la cómica disputa, confirma el aserto de Júpiter; el disgusto de la Saturnia dicen que fue más profundo de lo justo y desproporcionado con el motivo, y condenó a una noche eterna los ojos de su juez. Mas el padre todopoderoso —puesto que a ningún dios le está permitido anular la obra de un dios—, en compensación de la luz que se le privaba, le concedió conocer el porvenir.13


Johann Ulrich Kraus, c. 1690.
Tomado de Las metamorfosis de Ovidio.

No por nada se dice que siempre daba respuestas certeras, aunque eso sí, parecería que fueran destinadas a saber acerca del futuro y de la posibilidad de controlarlo (como si eso fuera posible). Consultado cierta vez sobre si Narciso llegaría a edad longeva “respondió el vate portavoz del destino: ‘si no llega a conocerse a sí mismo’”. Enigmática paradoja, por aquello de que el iniciado debe morir a todo siguiendo las vías trazadas por el destino. Vías que apuntan directamente al principio “conócete a ti mismo” inscrito en el oráculo de Apolo en Delfos, y a abrazar el no saber o docta ignorancia que el Tao formula así: “el que sabe no habla. El que habla no sabe”. En cuanto a Narciso, verá su imagen reflejada en el Agua y se consumirá por amor:

¡Ese soy yo! Ya me he dado cuenta y ya no me engaña mi imagen; ardo en amor de mí mismo, a la vez provoco y sufro las llamas. ¿Qué hacer? (…) lo que ansío lo tengo en mí; la abundancia me ha hecho indigente…14


Narciso. Fresco de Pompeya, 79 a. C.

En efecto, lo que dice es así a nivel físico, anímico e intelectual-espiritual. Aunque conviene tener presente que se pueden hacer lecturas opuestas del mismo enunciado, una apuntando a la unidad por lo más alto, totalmente despersonalizada; otra por lo más bajo a la posesión y la literalidad. El “liberado” reconoce en sí aquello que ama y ansía, pero no lo asimila a su persona sino a aquello que simboliza su persona, mientras que “el tonto quiere quedarse con lo que nunca tuvo”.15 Así le va a Penteo, rey de Tebas al que también el propio Tiresias pronostica que sufrirá la muerte por descuartizamiento a manos de sus más allegados por oponerse al dios que viene a instaurar los Misterios:

…afortunado, glorioso y delirante Baco, (…) hijo del fuego, (…) liberador, criado en el muslo [de Zeus], (…) que te mueves en el fuego presidiendo las ceremonias de iniciación. Nocturnal, Eubuleo, portador de mitra que agitas el tirso; ceremonial secreto, de naturaleza triple, retoño oculto de Zeus, primigenio, Ericepeo, padre e hijo, a un tiempo, de los dioses, (…) entusiasmado con la danza, conductor de los festivos cortejos, pleno de delirio en las sagradas y apacibles ceremonias trienales, surgiendo del suelo en estallido…16


El triunfo de Baco. Mosaico de los baños romanos de Sitifis en la actual Argelia.

Entre los atribulados moradores que se encuentran en este cuarto foso también está Aronte, personaje “bien instruido en los zigzagueos del rayo y en las venas aun calientes de las vísceras y en los avisos del vuelo que va y viene en el aire”, del que Lucano dirá que “vaticinaba envolviendo sus presagios en palabras sinuosas y velándolos con múltiples ambages”.17 Igualmente la legendaria fundadora de Mantua, hija de Tiresias, anda en estos bretes; y Euripilo que junto a Calcas indicará el momento propicio para ir contra Troya; y Miguel Scott del que Virgilio nos dice que “conocía el juego fraudulento de la magia”, al igual que algunas otras individualidades nombradas por su vinculación con el pequeño poder personal. Y ya que estamos reparando en el uso malicioso de esta rama de la Ciencia Sagrada, recurrimos a Cornelio Agrippa que en forma de aforismos nos ayuda a discernir el verdadero arte del artificio intrascendente:

Que quien quiera conocer los secretos sepa primero guardar secretamente los secretos; que selle lo que debe ser sellado, que no dé a los perros lo que es sagrado y que no arroje perlas a los puercos. Observa estas leyes y los ojos de tu alma se abrirán a la comprensión de los secretos, escucharás una voz divina que te revelará todo lo que tu alma haya deseado. Tendrás mensajes de los ángeles de Dios y servicios perfectos de los espíritus existentes en la naturaleza tal como no los puede desear ningún humano.

Lo que hayas aprendido repásalo frecuentemente y fíjalo en tu memoria; aprende mucho, y no muchas cosas. El espíritu humano no puede abarcarlo todo a menos que esté regenerado divinamente, pero para él nada es ni tan difícil ni tan variado que no lo pueda poseer.

…No hay en efecto ni en el cielo, ni en la tierra, ni en los infiernos, virtud alguna que no descienda de Dios y, sin su gracia, nada puede transmitir ni actualizar lo que posee en potencia.

…Aquel a quien Dios revele los nombres de sus criaturas, conocerá la naturaleza de las cosas y sus verdaderas virtudes, el orden y la armonía de toda la creación visible e invisible. Pero queda recibir de Dios el poder de manifestar las virtudes y hacerlas pasar de potencia a acto, de las tinieblas a la luz, en la naturaleza y en la creación universal. Por lo tanto tu fin ha de ser conocer el nombre de los espíritus, es decir, sus funciones y sus poderes para que, con la ayuda de Dios, su fuerza venga a juntarse y a sujetarse a la tuya.

El verdadero mago divino puede tener a su servicio, con un solo gesto de su mano, los gobernadores del mundo y de todas las criaturas. Los gobernadores del mundo le obedecen, acuden a su conjuro, ejecutan sus órdenes; pero sólo Dios es el autor de estos milagros. Así fue como Josué paró el sol en los ciclos.

A los magos de menor poder, les envían Espíritus que no les obedecen sino en asuntos muy determinados. A los pseudomagos no los escuchan y les arrojan algunos demonios para engañarlos y, por mandato de Dios, les hacen pasar peligros variados, como testimonia Jeremías, respecto a los magos judíos, capítulo VIII.

El que ha de ser un verdadero mago está destinado a la magia desde el vientre de su madre; los otros, los que se ingenian por sí mismos para transformarse en magos, son desgraciados. Aquí es la ocasión de decir con San Juan Bautista: Nadie puede recibir por sí mismo lo que no le haya sido dado por Dios.18

Llegamos al quinto de los diez fosos que integran el octavo círculo del Infierno. Decíamos en la primera parte de nuestro estudio que en este quinto foso correspondiente a los cantos XXI y XXII, una serie de feroces demonios “cuidan de mantener bajo la pez hirviente las almas de los corruptos estafadores y barateros”.19


Priamo della Quercia, s. XV.

Paradójicamente (de nuevo) algunas de estas entidades infrahumanas cooperarán (al menos en apariencia) para que Dante y Virgilio sorteen ciertos obstáculos que se presentan ahora en este punto (justamente en la mitad de los diez fosos). Este es un hecho que como hemos estado viendo se repite en determinados tramos del recorrido, representativo de los saltos o rupturas de nivel que se van produciendo en la vía iniciática (espiritual) tal y como lo refleja Dante de manera velada. El significado de estas rupturas no puede ser otro que el de pasaje y transformación, es decir, muerte; son muchas las que experimenta el iniciado en su viaje de retorno al origen. Veremos cómo nos va frente a Lucifer y el modo de practicar la fuga vertical dándonos la vuelta como un guante. Pero eso es en el siguiente círculo. Ahora conviene seguir adelante. No queda otra que aceptar a los demonios incorporados a la expedición,20 agentes guardianes (de los que más vale no fiarse) que administran tormentos a quienes exceden los límites,21 un pequeño ejército jerarquizado (que está en uno mismo) legitimado para aplicar el correctivo oportuno.

…Íbamos con los diez demonios—¡oh, y qué feroz compañía!—; pero en la iglesia, con los santos, y en la taberna, con los beodos.22

Sumergidos en la pez (figuración de la negrura) aquí se duelen malversadores, prevaricadores, maliciosos, y demás pendejos inclinados a abusar de la confianza; como tienen alas (los demonios), cuentan con ventaja a la hora de ensartar con sus arpones a quien asoma por sobre la dicha (negrura) que borbotea, tal es su detestable naturaleza.

Unos abominables espíritus amorfos han venido a perturbarme con sus protoplasmáticas excrecencias, residuos psíquicos que encarnan en un mundo contaminado, aguardando el momento señalado con odiosas caras centrífugas. Esa basura manifiesta que está asimismo en nosotros no tiene poder, sino sobre el mundo que las teme como a un amo imposible; esas formas son demasiado semejantes a los intestinos para que les prestemos dedicación exclusiva. Constituyen comunidades cerradas dentro del sistema sanguíneo. Hay que llegar a ellas y despedirse de acuerdo al ritmo del líquido vital que va ascendiendo hacia el corazón, su centro. No recordarlas demasiado, ni prestarles mucha atención, pues ya llegará el momento de retornar a verlas, posiblemente a actuarlas, actualizarlas. Ahora es urgente seguir adelante pues cuentan con una condición particular: cuando se las visualiza literalmente, materializan. Y entonces todo se vuelve pequeño, comenzando por nuestra visión.23

Dejamos atrás un tanto apresuradamente a nuestros demonios que vienen pisándonos los talones por considerarnos responsables directos del fracaso de sus intrigantes tejemanejes. Así las cosas, nos lanzamos al fondo del sexto foso por expresa recomendación de Virgilio (símbolo del maestro interno) pues sabe que aquellos adjuntos de Lucifer no pueden apartarse de los dominios proporcionados por “la alta Providencia, que los quiso para ministros de la quinta fosa”.24


Giovanni Stradano, 1587. Recreación de las riñas entre demonios
y cómo Virgilio y Dante logran zafarse de ellos deslizándose
hacia la siguiente fosa como si de un tobogán se tratase.

Como el agua veloz “mi maestro se deslizó por aquella pendiente, llevándome a mí sobre el pecho”, dice Dante al describir el descenso que conduce al fondo de aquel miserable estado del Infierno, como queriendo remarcar el hecho de que literalmente la doctrina te va llevando, “como se lleva a un hijo y no como a un compañero”, así que ¿cómo no confiar? Una vez abajo, en aquellos tenebrosos agobios tomamos “la misma dirección que los condenados al triste llanto”. Estos van cubiertos con capas y “capucha echada hasta los ojos, del corte de las que se hacen para los monjes de Cluny, por fuera de un dorado deslumbrador, pero por dentro de plomo”.


Gustave Doré, 1861.

Sugerente manera de describir la hipocresía25 agazapada entre las filas de los representantes de una “espiritualidad” que no sobrepasa la órbita de lo individual con sus adhesiones ideológicas, sentimentales, pasionales, etc., (religiosas=duales) pretendiendo la salvación o la conversión de la humanidad sin importar los medios utilizados con tal de lograrlo. Aquí la hipocresía se representa como una enorme opresión o también como una poderosísima fuerza de atracción hacia lo bajo que necesariamente impide manejarse con fluidez. Así lo relata Dante: “aquella gente cansada iba tan despacio, que a cada paso cambiábamos de compañía”. Hecho que desde luego no nos es ajeno: vivir en un estado en el que lo normal es invertir grandes esfuerzos (de tipo rasante-horizontal) para obtener ínfimos resultados (en lo vertical-simultáneo), por lo que está difícil (aunque no es imposible) la fuga del tipo como la que narra esta epopeya iniciática. A qué situación tan horrible hemos llegado por olvido e ignorancia. Quede claro con lo dicho que más allá de juzgar el hecho a favor o en contra no cabe otra que reconocer en todo esto un juego de imágenes que Dante tiene a bien presentarnos con esta obra en tres actos (Infierno, Purgatorio y Paraíso), mediante escenarios evocadores con situaciones y personajes que nos van haciendo de espejo. Gracias a ello podemos ir tomando conciencia de que “los asesinos de la verdad son monstruos a sueldo de nuestros peores instintos”.26

Seguimos adelante. Tendido en tierra yace crucificado Caifás, sintiendo “sobre sí el peso de todos los que pasan”.27 En las mismas está su suegro “y los demás de aquél consejo que fue para los judíos semilla de tantos males”.


Giovanni Stradano, 1587.

Dejamos atrás esos apuros al dar con la salida gracias a las indicaciones de uno que allí se consume por agotamiento: existe un puente natural (nos dice), que atraviesa los diez fosos inscritos en este octavo círculo que ahora recorréis. Empero, el hundimiento que se produjo con la muerte de Cristo, hizo inviable este derrotero al punto, aunque es posible retomar el camino en la vereda de enfrente aprovechando las ruinas que forman una inclinación ascendente. Dicho lo cual Virgilio nos hace ver el engaño por el que desviándonos de nuestro propósito vinimos a parar a estos bajos fondos. Y es que “entre los muchos vicios del demonio está el de ser embustero y padre de toda mentira”, aunque ahora se nos ofrece graciosamente la solución para salir del aprieto.

El alimento material de los demonios son los sudores y ocupaciones de los hombres. Su nutrición anímica: los sueños progresistas de los humanos. Más allá hay mucho menos movimiento, porque se han subordinado las fuerzas sin alternativa. Y la maldad no acontece ya que es propia de este mundo y de su peligroso reflejo lunar.28

Literalmente llevados hacia arriba gracias al soporte y la guía veraz y efectiva de la enseñanza tradicional29 coronamos al fin el ascenso que da a la otra parte del hundimiento donde el puente está intacto, un camino estrecho, áspero y difícil que salva el séptimo foso (y los restantes). De lo profundo se oye una voz iracunda, pero mirar hacia allí es en vano pues los ojos de los vivos no pueden llegar al fondo por lo oscuro. —“Desde aquí oigo y no entiendo, y miro hacia abajo y nada veo”, le dice Dante a Virgilio. De ahí que le pida descender para ver de manera clara y sin lugar a dudas lo que se oculta en el fondo: “entonces se me puso de manifiesto (…) una terrible masa de serpientes”. Espantosa escena en la que una vez más se impone con crudeza una realidad imposible de zafar para la gente allí desnuda que corre despavorida de acá para allá, con las manos atadas por detrás siendo los propios ofidios los que a modo de cuerdas se anudan y les hunden “en los riñones la cabeza y la cola”.30


Gustave Doré, 1861.

De pronto ocurre algo asombroso: a uno que está cercano a nuestra posición le alcanza una serpiente mordiéndole “en el punto en que el cuello se une con la espalda”. En ese instante experimenta una combustión espontánea y cae fulminado, convertido en ceniza y reducido a polvo, el cual se va agrupando por sí mismo hasta recobrar “en el acto su primera forma”. No confundir con el ave Fénix que muere y renace y es “símbolo del hombre nuevo”, e igualmente “del renacimiento y la resurrección por medio de la iniciación en los misterios de la metafísica”.31 Hecho absolutamente prodigioso que no tiene nada que ver con repetir una y otra vez lo mismo en bucle, sin solución de continuidad, que es lo que plantea aquél estado horrible del Infierno32 que para desgracia nuestra existe y lo llevamos puesto como todos los demás círculos recorridos y aun aquellos otros que están ahí a los que ya les va a llegar su momento. Y nada que ver tampoco con lo que narra Virgilio relacionado con la metempsicosis33 que le es explicada a Eneas34 en su descenso al reino de los muertos guiado por la Sibila de Cumas. Entre otras cosas extraordinarias se reencuentra con su padre fallecido que le revelará porqué “las almas a las que destina el hado a vivir otra vez en nuevos cuerpos” beben a orillas del Leteo del “agua que libra de cuidados e infunde pleno olvido del pasado”.35 A lo que Eneas reaccionará muy sorprendido con la siguiente cuestión:

“Pero, ¿es posible, padre, creer que hay almas que remonten el vuelo desde ahí hasta la altura de la tierra y vuelvan otra vez a la torpe envoltura de los cuerpos?
¿A qué ese loco afán de los desventurados por volver a la luz?”
“Te lo voy aclarar, no te tendré suspenso, hijo”. —replica Anquises.

Y, seguidamente, “le revela todos los secretos por su orden”.

“Ante todo sustenta cielo y tierra y los líquidos llanos y el luminoso globo de la luna y los titánicos astros un espíritu interno y un alma que penetra cada parte y que pone su mole en movimiento y se infunde en su fábrica imponente.
En él tienen su origen los hombres y los brutos y las aves y cuantos monstruos cría el mar bajo su lámina de mármol. Conservan estos gérmenes de vida ígneo vigor de su celeste origen en tanto no les traba la impureza del cuerpo ni embota su terrena ligadura, y sus miembros destinados a la muerte. De aquí nace en las almas su temor y ansiedad, sus duelos y sus gozos. Encerradas en las tinieblas de su ciega cárcel, no logran percibir las libres auras. Ni aún el día postrero, cuando la vida ha abandonado el cuerpo, alejan todo el mal de sí los desgraciados ni todas las escorias de la carne. Y es forzoso que muchas [escorias] por misteriosa traza perduren arraigadas en lo hondo de las almas. Por eso las someten a castigos con que pagan las penas de las culpas pasadas. Unas penden tendidas al soplo inconsistente de los vientos, otras lavan la mancha de su culpa abajo, en el enorme regolfo borboteante, otras se purifican por el fuego.
Cada uno de nosotros sufre su expiación entre los muertos. Después se nos envía allá, a través del espacioso Elisio. Pero pocos logramos permanecer en los rientes campos. Sólo el lapso de días y de días, cuando el ciclo del tiempo está cumplido, acaba por borrar la mancha inveterada y vuelve a su pureza del etéreo principio y la centella de impoluta lumbre. A todas esas almas, cuando gira la rueda del tiempo un millar de años, llama un dios en nutrido tropel a orillas del Leteo, porque, perdido todo recuerdo del pasado, tornen a ver la bóveda celeste y comience a aflorar en ellas el deseo de volver a los cuerpos”.36


Jan Brueghel el viejo. Eneas y la Sibila en el inframundo, c. 1600.

De regreso con Dante y Virgilio en la fosa séptima del octavo círculo del Infierno, seguimos presenciando con verdadero pasmo cómo cae fulminado uno de los que aquí se desesperan. Cuando recupera la forma primera se le ve en estado de “shock”, impresionado por la angustia sufrida. Se presenta a sí mismo como alguien caído en aquella honda miseria por robar objetos sagrados y pagar otro la pena. Y predice el destierro de Dante de su Florencia natal, lo que no deja de ser una imagen de lo exiliado que está el iniciado en esta tierra con respecto a su auténtica morada, la patria celeste. Y pese a la lamentable situación del pobre diablo aquí sumergido, aun le da para hacer un gesto despectivo despreciando a la deidad con una arrogancia tal, que Dante dice no haber visto en “ningún otro círculo del Infierno a ningún otro espíritu tan soberbio ante Dios”. Gesto que le vale para que una serpiente se le enrosque en “el cuello como diciéndole: no quiero que digas más”,37 y otra le traba los brazos limitándole el movimiento. Una vez alejado del lugar llega un centauro furioso con la grupa llena de serpientes. Viene buscando al soberbio que hace un momento se perdió entre las sombras. Se trata de Caco, célebre gigante hijo de Vulcano (según la wikipedia otras tradiciones como la romana lo representan mitad hombre y mitad sátiro) al que Hércules matará con su porra38 por robarle cuatro parejas de bueyes de su rebaño. Y lo hace “arrastrándolos de espaldas por el rabo” hasta su cueva, de forma que las huellas apuntan en dirección contraria para despistar. La misma astucia despliega Hermes en el famoso episodio en que le roba a su hermano Apolo algunas vacas del rebaño. O sea que se trataría de la misma idea-fuerza (el arte engañador por lo más alto y por lo más bajo)39 expresando momentos cíclicos distintos, y simultáneamente diferentes estados de la conciencia y perspectivas o enfoques de lo mismo a distinto nivel.


William Blake. Caco, 1757–1827.

Vamos a presenciar ahora algo inusitado en esta séptima fosa en la que estamos: el modo en que unas almas son poseídas por parte de esas energías inestables y sinuosas figuradas por horribles monstruos serpentinos que están por todas partes y se agarran con tal fuerza y apego (o bien atacan con extremado ímpetu) que experimentan sobrecogedoras “mudanzas y transmutaciones” a estados inferiores en los que la deformidad y la desproporción (ausencia de armonía) son aquí la norma.


Giovanni Stradano, 1587.

Un hecho que, si nos lo paramos a pensar ocurre a diario en todo momento, sólo que no nos damos cuenta de ello ya que estamos entrenados al efecto,40 mientras que a Dante se le hace manifiesto y así nos lo cuenta. Las aberraciones de las que el ser humano se puede llegar a hacer eco son indicio de dichas posesiones, afectando primeramente al cuerpo psíquico y de una u otra manera al físico. Uno de los casos narrados relata con todo lujo de detalles la horrible mutación de dos naturalezas, “dos figuras mezcladas en una faz” (un alma allí sometida con la de una serpiente de aquellos bajos fondos) ambas confundidas en una nueva imagen parecida “a las dos y a ninguna”. Sin ahondar en más explicaciones dejamos al interés del lector conocer lo que ocurre con exactitud, digno de una película de terror (y lo que nos queda por delante) mediante la correspondiente lectura de este canto vigésimo quinto.

Prosigue nuestra andadura con una invocación a la gran (diosa) Florencia, corazón que acrisola el conocimiento de las ciencias y artes, centro que trasciende la tierra y el mar y resuena en el infierno, de ahí que entre sus ciudadanos se encuentren ladrones y esté en el punto de mira del adversario representado por distintas familias que desean su daño. Retomamos la misma vía que nos sirvió de escalera para bajar, aunque ahora vamos hacia arriba llevados por el guía que tira del carro, y ¡qué bien que así sea! ya que no es de fácil recorrido, por lo que se ha de andar con pies y manos por lo accidentado. Llegamos a la octava fosa cuyo fondo titila por las llamas que resplandecen cual luciérnagas dentro de las cuales se hallan almas. De entre todas las lenguas de fuego, hay una que se muestra dividida por su extremo.41 En ella dos almas arden juntas gimiendo “por el engaño del caballo que fue la puerta por donde salió la noble estirpe de los romanos”42 y “por la pena del Paladión”,43 dice Virgilio. Se trata de Ulises y Diomedes, al primero de los cuales interpela para que nos cuente, “donde acabó, por su querer, muriendo”.44

A lo que responde que tras su regreso a Ítaca junto a su amada Penélope nada pudo vencer el ansia que sentía de conocer bien el mundo y los vicios y el valor humanos, por lo cual se lanzó de nuevo a mar abierto en una nave con aquellos compañeros que no le abandonaron. Tras ver una costa y la otra, islas y tierras, cansados y viejos, llegan al estrecho donde Hércules plantó las columnas cuyo emblema Non plus ultra indica el límite del mundo conocido. Así se dirige a sus compañeros:

¡Oh hermanos, que a través de cien mil peligros habéis llegado a Occidente!: a la escasa jornada que les queda a nuestros sentidos no le neguéis la experiencia de seguir detrás del sol hacia el mundo deshabitado. Pensad en vuestra naturaleza. No fuisteis hechos para vivir como los brutos, sino para alcanzar virtud y conocimiento”.45

De modo que con estas palabras despierta en ellos el afán por seguir viaje y, “volviendo la popa a levante”, hacen “de los remos alas para el loco vuelo”, dirigiéndose “siempre hacia el lado izquierdo”,46 lo que en rigor conducirá a la nave y su tripulación al fondo del mar.47


Virgilio le muestra a Dante los espíritus de Ulises y Diomedes.
Ilustración de un manuscrito medieval.

Sin decir más, la llama nos deja y aparece otra con un alma en su interior, prendida por aconsejar el fraude, que se interesa por la situación en el mundo de los vivos. Dante le explica el contexto del momento que refleja la división social, hecho que si nos lo paramos a pensar ha empeorado desde entonces, al punto que la presente humanidad parece estar al borde del colapso. Esto desde el punto de vista del ser individual inscrito en unas coordenadas espacio-temporales en particular de las que no es posible salir a no ser que haya una toma de conciencia o un despertar en el que ya no hay movimiento ni detención, ni antes ni después, ni arriba ni abajo, ni izquierda ni derecha, ni frente ni detrás. Nada que pueda decirse algo, proyectado en esta ilusión por la que todo es ahora encadenado en una sucesión de hechos relativos que apuntan al origen.

Seguimos adelante hasta llegar al otro arco que cubre el noveno foso en el que pagan los errores aquellos que apuestan por sembrar la división. Sangre, llagas y casquería humana en general caracteriza a esta oscura depresión que ahora nos toca transitar.

…vi uno, hendido desde la barbilla al bajo vientre. Entre las piernas le colgaban los intestinos, y se le veía el corazón y el triste saco que convierte en excrementos lo que se come. Mientras estaba absorto contemplando, miró, y con las manos se abrió el pecho diciendo: “¡Mira cómo me desgarro! ¡Mira que maltrecho está Mahoma!”…48

Palabras y gestos proféticos del representante exotérico de una tradición que se desintegra en luchas intestinas por fanatismo y ambición (poder no sólo material), al igual que ocurre con la iglesia cristiana, como ya está dicho y asentado por Dante en la presencia de figuras relevantes eclesiásticas condenadas a permanecer en estos círculos infrahumanos. Entre los que allí sufren y ahora se admiran ante la presencia de quien vive para contar este viaje por el Infierno, vemos a uno con la garganta hendida, “partida la nariz hasta las cejas” con una sola oreja, “gran sembrador de escándalos”; otro con la lengua cortada por promover la duda en César, o lo que es lo mismo, Roma, centro del mundo símbolo del centro espiritual. Un tercero, iniciador de las discordias civiles en Florencia, levanta en alto sus muñones chorreantes de sangre de modo que le manchan la cara. Y un cuarto que camina con la cabeza cortada en la mano y la agarra por los pelos como si fuera un farolillo y nos mira y se lamenta: “¡Ay de mí!”

De ese modo se daba luz a sí mismo, y eran dos en uno y uno en dos. Cómo pueda ser eso, lo sabe Aquel que nos gobierna. Cuando estuvo al pie del puente levantó el brazo en alto con la cabeza para acercarnos el sonido de sus palabras, que fueron: “Mira ahora la terrible pena, tú que vivo estás viendo a los muertos, y considera si hay alguna tan grande. Y para que lleves noticias de mí, sabe que (…) introduje la discordia entre el padre y el hijo (…) Porque separé personas tan unidas, separado llevo mi cerebro, ¡oh infeliz!, de su principio, que permanece en este tronco.49


Bertrand de Born sostiene su cabeza decapitada. Miniatura.

Toda esta truculenta evocación no sólo no termina aquí, sino que se agrava a medida que descendemos al encuentro con el Ángel Caído. Miríadas de almas en distintos estados y situaciones dan idea del multiforme Lucifer y sus dominios. Los personajes, escenarios y circunstancias aquí descritos no sólo son una metáfora que manifiesta la complicada situación que le toca vivir al autor de la Comedia en una época tan convulsa como la del momento en que la obra es concebida (ahora más agravada todavía, recién entrado el solsticio de verano del año 2026), sino que también simbolizan esos estados tamásicos,50 energías pesadas y descendentes relativas a la ignorancia que también tienen su lugar en la creación. Por eso la única manera de dejarlos definitivamente es la que propone Dante y todas las individualidades que como él han realizado el viaje de retorno al origen y nos lo han contado, viaje que conduce a la liberación o suprema identidad. El tiempo se agota y hay mucho por ver. El último recinto de aquél círculo maldito dividido en diez fosas se presenta perturbador cuando menos. Dante dice cubrirse los oídos con las manos ante las lamentaciones que describe como flechas que hieren “con las puntas la piedad”. El hedor pestilente que emana de allí es tal cual el de los miembros gangrenados: falsificadores “sopladores” que se hacen pasar por lo que no son engañando y estafando. Aquí languidecen los impostores formando montones y entre ellos llaman la atención “dos sentados apoyándose mutuamente, como se apoyan las tejas entre sí para cocerlas, cubiertos de costras de la cabeza a los pies”51 rascándose con tal furia como quien descama a un pescado. Esta comezón atroz que padecen los personajes en la escena que aquí se describe con tanta viveza podría interpretarse como una imagen impactante que aplica el autor para expresar la desazón moral que ocasiona el deseo o el apetito feroz por obtener algo en tanto no se consigue. De la breve conversación que Dante mantiene con ambos se extrae que en vida practicaron lo opuesto que pretende la alquimia, cuya finalidad no es otra que la metanoia o “transmutación interna debida a la iniciación”52 y no el pequeño poder temporal del todo relativo y contingente.


William Blake. Falsificadores, detalle.

Los trastornos mentales que padecen ciertas individualidades afectadas por influencia de la diosa Juno, que irritada se emplea a fondo con ellas para acabar con su estadía en la tierra debido a las infidelidades consumadas en sus encuentros íntimos con su esposo Júpiter, se quedan cortos ante la perturbación que presentan ahora dos sombras lívidas y desnudas corriendo y dando dentelladas como haría el cerdo que escapa de la pocilga o si de un perro rabioso se tratase, alcanzando a otras. Ambas se hicieron pasar en vida por lo que no eran, satisfaciendo los más bajos instintos que personifican las Furias. El caso es que esta última fosa del octavo círculo rebosa de abominables espíritus amorfos (en forma de cuerpos proporcionados o no) como lo es la falsedad de la que se hicieron serviles. Y es tal el maltrato psíquico y físico que se infligen unos a otros que causa fascinación verlos y oírlos al punto que Virgilio debe llamar al orden a Dante concluyendo como sigue:

Haz cuenta de que estoy siempre a tu lado si ocurre que la suerte te conduzca donde haya gente enzarzada en semejantes discusiones, que el deseo de oír tales cosas es muy bajo deseo.53


William Bouguereau, 1850.

Lo cual es tan común en nuestros días, que se ha de realizar todo un esfuerzo para invertir la cuestión escapando de ello. De la periferia de la rueda (devenir ilusorio) con la que nos identificamos en nuestra insignificante cotidianidad reiterando una y otra vez los mismos errores sin solución de continuidad, al centro inmutable para dejar definitivamente esos estados tenebrosos que ya conocemos. O sea que bien haremos en dar la espalda a la miseria que yace en el fondo del último foso como hace Dante conducido por Virgilio, circundando su margen por encima atravesándolo calladamente.


Gustave Doré, 1890.

Poco alcanza a distinguir la vista en este punto de penumbra. De pronto suena una trompa que retumba como un trueno captando nuestra atención. Difuminadas por las tinieblas, lo que en la distancia parecen ser torres altísimas en realidad son gigantes caídos en desgracia, algunos por la derrota en la batalla contra los dioses olímpicos, otros por cuestiones equivalentes, “hundidos todos hasta la altura del ombligo”.54 Allí permanecen alrededor del margen del pozo en cuyo fondo se consume Lucifer. El primero que se distingue es Nemrod, rey de Babilonia cuya ambición dará lugar a la confusión de lenguas al pretender levantar una torre (Babel) para alcanzar el cielo. Aún hay otro mayor y más fiero algo más adelante llamado Efialto,55 igualmente caído y encadenado por su soberbia y pretendida superioridad contra Júpiter.


Gustave Doré, 1882-83.

Pero será Anteo, hijo de Neptuno y Gea (Tierra), quien les ayude a bajar al fondo en el que yace el ángel caído.56 En efecto, Virgilio le pide que los lleve allí donde el Cocito se hiela, el centro del Infierno, punto de acceso a otros estados de la conciencia que Dante describe como la montaña del Purgatorio y el Paraíso. De nuevo se recrea aquí el hecho de que uno de los condenados a permanecer en este abismo invertido colaboren en la realización del viaje iniciático en pos del origen, destino final de estos trabajos. Como hemos dicho en nota, se sobreentiende que se trata de sublimar una energía tenebrosa, operación que proporciona lo necesario para catapultarnos hacia la meta, más allá de todo condicionamiento. Por cierto que el motivo por el que Virgilio se dirija explícitamente al gigante pidiéndole su ayuda para no tener que acudir a Ticio y Tifeo (hermanos de Anteo que también yacen allí), pensamos que entre otras cosas puede estar relacionado con que el mencionado Anteo incluye en síntesis todos los aspectos simbolizados por sus hermanos, aunque seguro ha de haber otras cuestiones a tener en cuenta como el hecho de que a él se le brinde la oportunidad de renovar su fama (ya que aparece en este episodio como uno de los vehículos en la realización intelectual-espiritual), mientras que sus hermanos (vinculados con esas energías pesantes mencionadas en nota) no tengan espacio para ello y por lo tanto no exista esa opción.57


William Blake. Anteo ayuda a Dante y Virgilio, acuarela.

Una vez depositados suavemente en el fondo oscuro donde se consumen Lucifer y Judas, figuras prototípicas que ejemplifican la traición en la tradición cristiana, se ve delante y a los pies un vasto lago helado, semejante a una superficie de vidrio.

Y como está la rana al croar con el hocico fuera del agua, (…) así estaban, lívidas hasta el sitio donde aparece la vergüenza, las sombras dolientes en el hielo, dando diente con diente con ruido de cigüeñas. Todas tenían el rostro vuelto hacia abajo y daban testimonio, con su boca, del frío, y con sus ojos, de la tristeza de su corazón.58


Gustave Doré, 1861.

Es lo que tiene la alta traición, representada en los millares de almas condenadas a permanecer aquí hasta el fin de los tiempos. Y entre la multitud, este truculento pasaje da a conocer los nombres de unas cuantas personalidades para que sean recordadas como títeres de esa energía densa de la que mejor guardarse: la soberbia que toma forma en abominables actos como los que aquí se narran grabándose en la memoria del lector. De entre todos los actos de traición referidos en los cantos XXXII y XXXIII (algunas veces en notas al texto), vamos a transcribir un episodio que describe el horror del Infierno como un estado que puede ser experimentado (de hecho así es para una multitud) sin necesidad de morir físicamente.

…vi a dos que estaban helados en una misma fosa, puestos de modo que la cabeza del uno parecía el sombrero del otro, y, al modo que el pan se come por hambre, así el de arriba le clavó los dientes al otro allí donde el cerebro se une con la nuca. (…) lleno de furor (…), mordía el cráneo y su contenido. “¡Oh tú, que muestras de manera tan bestial el odio que tienes al que estás devorando! Dime el porqué de tal situación —exclamé—, que, si tú tienes razón en quejarte de él, sabiendo yo quiénes sois y cual es su crimen, en el mundo de arriba te recompensaré si la lengua con la que hablo no se seca”.59

Apartó la boca de la asquerosa comida del pecador, limpiándosela con los pelos de la cabeza que había roído por detrás. Después empezó a decir: “Tú quieres que renueve el desesperado dolor que el corazón me oprime con sólo pensar en él y antes de hablar. Pero, si mis palabras han de ser semilla que dé frutos de infamia para el traidor a quien devoro, me verás a la vez hablar y llorar. No sé quién eres ni por qué medios has bajado aquí; pero me pareces florentino, verdaderamente cuando te oigo. Has de saber que yo fui el conde Ugolino, y éste, el arzobispo Ruggieri,60 y ahora te diré por qué soy tan mal vecino suyo”.61

Y sin ser necesario relatar (pues es de dominio público), cómo por efecto de los malos pensamientos de Ruggieri, fiándose de él, fue preso hasta su muerte junto con sus hijos que corrieron la misma suerte, empero sí considera de interés dar a conocer lo cruel de su final. La cosa comienza con un mal sueño con el que se le desgarra “el velo del futuro” que anuncia un funesto desenlace, tras lo cual termina relatando:

“Oí clavar la puerta de la horrible torre, y entonces miré a la cara de mis hijos sin decir palabra. Yo no lloraba, porque me sentía enteramente petrificado. Lloraban ellos, y mi pequeño Anselmo dijo: ‘Nos miras de un modo, padre…; ¿qué tienes?’ Pero no lloré ni respondí nada en todo aquél día ni en la noche siguiente hasta que un nuevo sol salió sobre el mundo. Cuando un débil rayo entró en la dolorosa cárcel y yo comprendí, por el aspecto de aquellos cuatro rostros, el mío propio, me mordí las manos de dolor, y ellos, pensando que lo hacía impulsado por el hambre, se levantaron con presteza y me dijeron: ‘Padre, sentiremos menos dolor si comes de nosotros. Tú, que nos diste estas míseras carnes, despojadnos de ellas’. Me apacigüé entonces para no entristecerles más, y aquél día y al otro permanecimos todas callados. ¡Oh dura tierra! ¿Por qué no te abriste? Cuando estuvimos en el cuarto día, Gaddo se tendió a mis pies y me dijo: ‘Padre mío, ¿por qué no me ayudas?’ Allí murió y, como tú me estás viendo, vi yo morir a los otros tres, uno a uno, entre el quinto y el sexto día. Ya ciego, buscaba a tientas a cada uno, y durante dos días los llamé después que estaban muertos. Luego, más que el dolor pudo el hambre”.62


Giovanni Stradano, 1587. Recreación del relato del conde Ugolino
y de la conversación que este mantiene con Dante.

Bien es cierto que al conde Ugolino se le acusó de alta traición aunque nada tuvieron que ver sus hijos en el asunto pese a que no obstante fueron igualmente condenados al suplicio. Dante da cuenta de ello recogiendo en este sobrecogedor episodio la bestialidad a la que puede llegar el ser humano, la vergüenza y el horror como fruto podrido de la ambición y la soberbia a la que poniéndole cara, nos hace de espejo. Porque no nos engañemos, “el inframundo es esta misma tierra cuando se vive por debajo de las posibilidades del verdadero hombre”.63 De hecho una de las sombras que aquí yacen congeladas confirma esta manera de ver las cosas al asegurar que tan pronto el alma traiciona como él lo hizo “el cuerpo es poseído por un demonio, que desde entonces lo gobierna hasta que se cumple todo el tiempo de su vida”. Y al finalizar el canto XXXIII el propio Dante dice que ha encontrado a uno que “por sus obras tiene ya el alma bañada en el Cocito y su cuerpo aparece vivo aún sobre la tierra”.64 Así que nuestras peores pesadillas son reales respecto a las aberraciones que tienen lugar a diario, hechos monstruosos de una atrocidad perturbadora que se van reportando como veraces (muchas otras no lo son). Su extrema gravedad nos ha dado que pensar en el sentido de que sus ejecutantes están verdaderamente poseídos, y/o habitan una realidad infrahumana.65

Al abrigo de nuestro guía nos adentramos aún más en el pavoroso antro donde se encuentran sombras que se ven “al trasluz como paja tras un vidrio” en distintas posiciones pero todas congeladas por el tremendo frío que produce el gélido viento originado por el movimiento de las alas de Lucifer (o Dite) “la criatura que tuvo el semblante más bello”.66 Aquí conviene armarse de fortaleza, apunta Virgilio. Ya hemos citado al comienzo de la primera parte de este mismo trabajo algunos pasajes en los que se describe la situación y el aspecto del ángel caído, con sus tres rostros, el frontal de color rojo, y los otros dos a cada lado, el de la derecha entre blanco y amarillo y el opuesto negro. Que tenga tres rostros sin duda ha de estar relacionado con la tríada primordial, los principios ontológicos (simbolizados por los dígitos 1, 2 y 3) aunque en este caso manifestados a nivel infrahumano de acuerdo a las leyes de correspondencia y analogía entre lo de abajo y lo de arriba tal y como refiere la Tabla Esmeralda.67 Con cada una de sus tres bocas tritura entre sus dientes a tres traidores que son prototipos de la traición.


Alberto Zardo, 1920.

El hecho es que llegados a este punto todo se invierte y el iniciado (guiado por la enseñanza tradicional representada en la figura de Virgilio) es alumbrado a otro ámbito tal y como lo describe vívidamente al servirse del propio Lucifer como escalera para acceder a otro estado del Ser (nacimiento):

Como él deseaba, le abracé el cuello [se refiere a Virgilio]; y él escogió el momento y el lugar oportunos, y, cuando las alas estuvieron bastante abiertas, agarró a los velludos flancos y, de mechón en mechón, descendió entre la espesa pelambre y la helada corteza. Cuando estuvimos allí donde el muslo se dobla en el grueso de la cadera, mi guía, con fatiga y con angustia, volvió la cabeza hacia donde aquél tenía las zancas y agarró al pelo como hombre que sube, de modo que creí que volvíamos al infierno de nuevo. “Sosténte bien, que por esta escalera –me dijo el maestro, jadeando como hombre cansado– debemos alejarnos de tanto mal”. Después salió fuera por el agujero de una roca, me sentó sobre el borde y colocó junto a mí sus diestros pies. Yo levanté los ojos creyendo ver a Lucifer como lo había dejado, y lo vi con las piernas hacia arriba. Si me sentí entonces pasmado, piénselo la gente ignorante, que no advierte cuál es el punto por el que yo había pasado.68


Príamo della Quercia, s. XV. Recreación del pasaje en el que está Lucifer
y a modo de escala se sirven de él para salir al Purgatorio.

Con el fin de aportar claridad a todo este pasaje citaremos a continuación lo que dice René Guénon en su obra El esoterismo de Dante.

El centro de la tierra representa, (…) el punto extremo de la manifestación en el estado de existencia considerado; es un verdadero punto de detención, a partir del cual se produce un cambio de dirección, que señala el paso a la preponderancia de la tendencia opuesta. Por eso, desde el momento en que se ha alcanzado el fondo de los Infiernos, comienza la ascensión o retorno hacia el principio, que sucede inmediatamente al descenso; y el paso de un hemisferio al otro se hace rodeando el cuerpo de lucifer, de una forma que hace pensar que la idea de ese punto central no deja de tener ciertas relaciones con los misterios masónicos de la “Cámara del Medio”, vinculada igualmente con la muerte y la resurrección. En todas partes y siempre encontramos la expresión simbólica de las dos fases complementarias que, en la iniciación o en la “Gran Obra” hermética (que no son en el fondo sino una sola cosa), reflejan esas mismas leyes cíclicas, universalmente aplicables, sobre las que, para nosotros, descansa toda la construcción del poema de Dante.69

Además,

…contrariamente a lo que tiene lugar en el orden corporal, es decir, en el espacio entendido en el sentido propio y literal, se puede decir que, en el orden espiritual, es lo interior lo que envuelve a lo exterior, y es el centro el que contiene todas las cosas. (…) Pero, cuando se rebasa la individualidad, se opera la “inversión” o el “volvimiento” de que hemos hablado (que es realmente un “enderezamiento” del ser), y todo el conjunto de la representación simbólica se encuentra en cierto modo vuelto sobre sí mismo: es entonces el cielo más elevado de todos el que es al mismo tiempo el más central, puesto que es en él donde reside el centro universal mismo; y, por el contrario, el mundo terrestre está situado ahora en la periferia más exterior. Es menester destacar además que, en esta “inversión” en cuanto a la situación, el círculo que corresponde al cielo más elevado debe permanecer no obstante el más grande de todos y envolver a todos los demás (como, según la tradición islámica, el “Trono” divino envuelve a todos los mundos); es menester en efecto que ello sea así, puesto que, en la realidad absoluta, es el centro el que contiene todo. (…) Es el espíritu (Atmâ) el que es verdaderamente el centro universal que contiene todas las cosas pero, al reflejarse en la manifestación humana, aparece por eso mismo como “localizado” en el centro de la individualidad, e incluso, más precisamente, en el centro de su modalidad corporal, puesto que ésta, en tanto que es el término de la manifestación humana, es también su modalidad “central”, de suerte que es su centro el que es propiamente, en relación a la individualidad, el reflejo directo y la representación del centro universal.70

Por supuesto el viaje continúa aunque ahora en sentido ascendente por la montaña del purgatorio que conduce al Paraíso. Pero conviene tener presente que todo este recorrido por los tres estados del Ser (Infierno, Purgatorio y Paraíso) en realidad son simultáneos, como si de hecho se tratase de tres escenarios superpuestos en los que se representan al mismo tiempo las vivencias del iniciado cuyo viaje comienza con un descenso al interior de la Tierra (estados inferiores=Infierno), rectificación (Purgatorio) y renacimiento a los estados superiores (Paraíso). Obviamente la epopeya se enmarca dentro de unas coordenadas espacio-temporales que la hacen inteligible y útil como vehículo de ciertos conocimientos ocultos que conducen a la revelación de que “el Espíritu es realmente la totalidad del Ser en todos los seres, los cuales no tienen ninguna esencia privada, sino sólo un devenir”.71

Continuará.


NOTAS.
* Federico González Frías. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada: “Eje”. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013. Integramente en versión online: Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos.
** William Blake. Citado en A. K. Coomaraswamy. “La venida del espíritu al nacimiento”. Ver online: Artículo.
1 Obras completas de Dante Alighieri. “La Divina Comedia”, Infierno, canto XVIII. BAC, Madrid, 2015.
2 Ibid. Dice en nota: “Por disposición de Bonifacio VIII, en el año jubileo, 1300, el puente de Sant’Angelo se dividió en dos direcciones, una hacia San Pedro y otra hacia el Janículo”. El Janículo es una colina que recibe su nombre del dios Jano. Deidad romana “que preside el año que comienza y por lo tanto culmina el precedente, por lo cual se lo representaba con dos rostros y un tercero invisible que mira de frente. Se le asignaban las puertas (Janua), especialmente las solsticiales: la de los dioses (invierno) y la de los hombres (verano). Sus atributos que han heredado los Papas, sucesores de San Pedro, son el cetro y las llaves referidas al poder temporal y el espiritual, equivalentes en el cristianismo, el primero a San Juan Bautista, el otro al Evangelista. Hay un tercer ojo invisible de Jano que es análogo al de Shiva que significa lo que no está sujeto al tiempo, o sea que es atemporal y no pertenece a lo que fue, o sucederá. En simbolismos análogos ésta es la conjunción de opuestos.
En la Masonería, heredera de los oficios artesanales que se encontraban bajo el patrocinio de Jano en Roma, ambos solsticios son las ceremonias festivas más importantes del año y el tercer ojo está representado por el ojo que todo lo ve —y para el que siempre es ahora— que corona la Obra y la Logia, situado al Oriente sobre el sitial del Venerable”. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada: “Jano (lat.)”, ibid. Igualmente remitimos al lector a la lectura de la nota 64 que aparece en la primera parte de este estudio.
3 En relación al tema de las fuerzas opuestas y complementarias que fundamentan la Creación, reproducimos un fragmento de La Antropología Americanista en la Actualidad, 1980, tomo I. Estudio de G. Reichel-Dolmatoff en el que explica ciertos conceptos cosmogónicos, religiosos y sociales de la tribu Kogi. Se trata “de dos mil indios de habla chibcha que habitan en la actualidad las faldas meridionales de la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia, y guardan aún hoy completamente su visión cosmogónica, tradicional y metafísica, la que se expresa por medio de varios ritos, símbolos y prácticas culturales” como nos dice Federico Gonzalez Frías en su Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada: “Cosmogonía”, ibid. El estudio del antropólogo en cuestión dice así:
“Subyacente a muchas formas de pensar y de actuar de los indios de la Sierra Nevada de Santa Marta, se observa un concepto de dualismo que se expresa sobre muy diversos planos. A nivel del individuo, como ente biológico, es el cuerpo humano que da el modelo, formado por la ideación de principios opuestos pero siempre complementarios. Son la aparente simetría bilateral del cuerpo y las diferencias sexuales lo que da la norma. Sobre otro nivel, el del grupo social, encontramos una división dualista entre “gente de arriba”, “gente de abajo”, no referente a la situación altitudinal de su hábitat respectivo sino agrupándose así ciertos clanes, que forman grupos opuestos pero complementarios. Las poblaciones mismas están divididas en dos partes y una línea divisoria invisible, pero reconocida por todos, separa la aldea en dos segmentos. Las casas ceremoniales también se imaginan como divididas en dos mitades, cada una con su propio poste central; una línea diametral entre las dos puertas opuestas, divide el plan circular de la construcción en un “lado derecho” y un “lado izquierdo”. Ya en un nivel cósmico, esta misma división separa el universo en dos lados determinados por el sol, el cual dirigiéndose de Este a Oeste divide al mundo en un lado derecho y un lado izquierdo. Los dualismos de este tipo son innumerables: hombre-mujer, macho-hembra, mano derecha, mano izquierda, calor-frío, luz-oscuridad, etc., etc., se asocian con ciertas categorías de animales y de plantas, con colores, vientos, enfermedades y desde luego, con conceptos del Bien y del Mal. Entonces el simbolismo con este concepto de dualismo básico, se manifiesta continuamente, en todas las prácticas mágico-religiosas. Por cierto muchas de estas manifestaciones dualísticas tienen esencialmente el carácter de antagonistas simbólicas que, en el fondo, comparten una sola esencia; tal como existen divinidades tribales que en un solo ser reúnen aspectos benéficos y maléficos, cada hombre lleva en sí mismo esta polaridad vital del Bien y el Mal.
Los Kogi creen en la existencia de un principio del Bien (derecho) cuya permanencia y función benéfica está determinada por la existencia simultánea de un principio del Mal (izquierdo). Así, para asegurar la existencia del bien es necesario fomentar el mal ya que si éste desapareciese, por no encontrar una justificación de existencia, se eliminaría al mismo tiempo el bien. Es necesario pues que el individuo cometa pecados que atestigüen la influencia activa del mal. Es aquí donde yace, según los Kogi, el principal problema, la condición humana: en equilibrar estas dos fuerzas opuestas pero complementarias, y en establecer entre éstas una relación armónica. El concepto básico se denomina yulúka, lo que podría traducirse por “estar de acuerdo”, “ser igual”, “estar identificado”. Este “estar de acuerdo”, el saber equilibrar las energías productivas y destructivas en el camino de la vida que lleva del Oriente hacia el Occidente, es pues el principio fundamental de la conducta humana;…”
4 Y es que “muchos son los llamados, mas pocos los escogidos” (Mt 22:14).
5 Obras completas de Dante Alighieri. “La Divina Comedia”, Infierno, canto XVIII, ibid.
6 Federico Gonzalez Frías. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada: “Femenino”, ibid.
7 Ibid. Entrada: “Medea (gr.)”.
8 Ver Hechos de los Apóstoles 8:9-24 online: Textos.
9 Función sagrada que recrea el origen en la forma de un eterno presente proyectándose en el tiempo mediante puntos de coyuntura que constituyen hitos y que los oráculos revelan.
10 Muy interesante seguir el desarrollo del mito teatralizado por Esquilo en Los siete contra Tebas, ciudad cuyas siete puertas son asediadas por un ejército con siete jefes cuyos escudos presentan emblemas e insignias que sintetizan las potencias allí desplegadas. Con el fin de neutralizar los ataques, su hermano Etéocles (en ese momento regente de Tebas) envía oportunamente a cada puerta fuerzas capaces de repeler la agresión (contrarrestar o equilibrar=armonizar), lo cual está reflejado igualmente en los emblemas e insignias de los escudos que portan sus generales. Va un ejemplo de lo dicho: la puerta consagrada a Atenea (diosa que surge de la cabeza de Zeus ya formada=Sabiduría), está asediada por Hipomedón, personaje “de cuerpo ingente y ánimo robusto”, con él llega el terror y agitado como una bacante arde y delira. Porta un escudo impresionante en el que ha esculpido con sagaz artificio a Tifón exhalando humo negro de su boca de fuego. Circundando “toda la cavidad del hondo escudo” se ven serpientes haciendo giros complicados. Y como llevamos dicho, para neutralizar estas energías que juegan en contra, Etéocles cuenta en primer lugar con la defensora Palas, ejercitada como su compañera Atenea en el arte de la guerra, salvaguarda del dragón al que enfrentan. Y envía a Hiperbio por ser “el esforzado hijo de Enopo, que ni en fuerzas, ni en ánimo, ni en armas le es inferior. Mercurio los ha unido”. Además porta en su escudo a Zeus, y así como este prevaleció sobre Tifón en la batalla contra los Gigantes (lo que señala un cambio de ciclo), así prevalecerá ahora sobre el enemigo. (Ver Esquilo. Los siete contra Tebas. Biblioteca Cervantes Virtual). Pensamos que en los distintos niveles de lectura se ocultan revelaciones sorprendentes mediante un juego de combinaciones (esotérico y sagrado) semejante al que plantean otros modelos simbólicos depositarios del saber tradicional cosmogónico como es propiamente el caso de la Divina Comedia, un “pequeño todo” dentro del cual hay otros, los que a su vez contienen a unos terceros y así sin solución de continuidad, es decir que estamos ante la idea de mundos dentro de mundos. Animamos a todo buscador que sigue la vía simbólica a penetrar los arcanos de este juego, lo que sin duda le reportará inesperados descubrimientos que tienen que ver con su identidad más allá del aparato psicofísico.
11 El que la organiza es Adrasto rey de Argos con su yerno Polinices (hermano de Etéocles). Finalmente los dos hermanos se enfrentarán en una lucha a muerte que terminará con sus vidas.
12 Federico González Frías. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada: “Unidad”, ibid.
13 Ovidio. Metamorfosis. Libro III. Ed. Gredos, Madrid, 2008.
14 Ibid.
15 Federico González. En el vientre de la ballena. Textos alquímicos. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2024. Ver online: Libro.
16 Porfirio. Himnos Órficos. “A Baco Trienal”. Ed. Gredos, Madrid, 2002. Los corchetes son nuestros. Según la Wikipedia, “Eubuleo” en la mitología griega, es un nombre griego Εὐϐουλεὑς, Eubouleús, literalmente el ‘buen consejero’, haciendo referencia a cierto personaje vinculado con los Misterios de Eleusis, o sea con Deméter, Perséfone y el inframundo. En cuanto al apelativo de “Ericepeo”, puede estar relacionado con la energía de Eros, Baco o Príapo entre otros, según nos dice la nota correspondiente al Himno Órfico “A Primogénito”, donde también se le reconoce haber nacido de un huevo, ser origen de los bienaventurados y de los hombres mortales, ser semilla inolvidable, y ser de naturaleza triple, como lo testimonia su dominio en los tres mundos: cielo, tierra, infierno. Recibe nombres tales como el indecible o Fanes, entre otras formas de expresar la energía dionisíaca.
17 Lucano. Farsalia. Ed. Gredos, Madrid, 2008.
18 Cornelio Agrippa. La Magia de Arbatel. Ed. 7 1/2, Barcelona, 1980.
19 Ver nota 79 de la primera parte de este estudio.
20 De hecho esto guarda relación con la parábola de la cizaña y el trigo que dice así: “El Reino del Padre se parece a un hombre que tenía una [buena] semilla. Vino de noche su enemigo y sembró cizaña entre la buena semilla. Este hombre no consintió que ellos (los jornaleros) arrancasen la cizaña, sino que les dijo: No sea que vayáis a escardar la cizaña y con ella arranquéis el trigo; ya aparecerán las matas de cizaña el día de la siega, (entonces) se las arrancará y se las quemará”. (Evangelio según Tomás, 57. Texto copto de Nag Hammadi, extraído de la web: Textos.) Y también: “que lo que nos sirvió hasta un punto y fue nuestro aliado, es el enemigo en otro nivel o situación”. (Federico González. En el vientre de la ballena. Textos alquímicos, op. cit.).
21 Estos límites son las posesiones mentales que conforman nuestra personalidad, lo que cada quien cree ser y por lo que está sometido a permanecer en esos dominios ilusorios del devenir cambiante.
22 Obras completas de Dante Alighieri. “La Divina Comedia”, Infierno, canto XXII, ibid.
23 Federico González. En el vientre de la ballena. Textos alquímicos, ibid.
24 Tómese buena nota de esto, pues como dice la cita anterior los egos “no tienen poder sino sobre el mundo que los teme como a un amo imposible”.
25 Esta es la fosa de los hipócritas de distinto pelaje.
26 Federico González. En el vientre de la ballena. Textos alquímicos, ibid.
27 Caifás aconsejará a los fariseos la conveniencia de “llevar a un hombre al martirio por el pueblo”, como se indica en nota al texto. Todos los entrecomillados de este párrafo y del anterior pertenecen a Obras completas de Dante Alighieri. “La Divina Comedia”, Infierno, canto XXIII, ibid.
28 Federico González. En el vientre de la ballena. Textos alquímicos, ibid.
29 “Es necesario aclarar que esta doctrina no es la suma de enseñanzas de cualquier tipo, aún las más osadas y modernas, sino bien por el contrario la coincidencia de todos los lugares y tiempos, desde donde podemos escoger la vía esotérica adecuada para nuestra realización intelectual-espiritual; obtenida esta última, mediante la experiencia proporcionada por nuestro trabajo hermético, o sea esotérico”. Federico Gonzalez Frías. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada: “Enseñanza”, ibid. En el caso de Dante la vía es la tradición grecolatina representada por Virgilio, ya que aquél reconoce en la obra de este un medio de realizar el viaje de retorno al origen, al menos hasta un cierto punto
que podemos denominar el “mundo intermediario”, es decir, el dominio de la manifestación sutil donde se sitúan las prolongaciones extracorporales de la individualidad humana, o las posibilidades mismas cuyo desarrollo concierne propiamente a los ‘pequeños misterios’. (…)
La culminación de este camino, y simultáneamente el punto de arranque del viaje vertical por los estados supraindividuales o universales del ser, es la conquista del estado de “Hombre Verdadero” u “Hombre Primordial”. Ahí ya no es posible hablar de “transmutación” sino de “transformación”, pues el ser ya no se halla limitado por ninguna condición individual:
El ser sólo podrá decirse transformado si ha pasado efectivamente a un estado supra-individual (ya que todo estado individual, sea cual fuere, es por ello mismo formal); se trata entonces ahí de algo cuya realización pertenece esencialmente al dominio de los “grandes misterios”.
Guénon añade:
El ser que se ha establecido en ese punto ocupa una posición realmente “central” en relación a todas las condiciones del estado humano, de suerte que, sin haber pasado más allá, sin embargo las domina de una cierta forma, en lugar de ser, por el contrario, dominado por ellas tal como lo es el hombre ordinario.
René Guénon. Aperçus sur l’Initiation. Editions Traditionnelles. París 1992, págs. 261, 269 y 271 respectivamente. Citado en el artículo La Tradición Hermética y René Guénon, de Mireia Valls. Ver online: Artículo.
30 Obras completas de Dante Alighieri. “La Divina Comedia”, Infierno, canto XXIV, ibid. Nos ha dado que pensar esta figura metafórica que ilustra con viveza los padecimientos físicos en forma de punzadas agudas y contracturas severas en la zona lumbar como efecto somático de la sobrecarga mental debido al miedo, la preocupación y la angustia que sin duda terminan por imponerse en las vidas de quienes realizan actividades fraudulentas como los que aquí se lamentan (ladrones). De hecho existen estudios que confirman este tipo de patologías en personas sometidas a tensiones extremas y continuadas. Por otro lado no pasa desapercibido el hecho de que sean serpientes las que llenan el lugar, obviamente para dar idea de las energías que aquí se mueven. Aunque a la serpiente no sólo se la asocia con el inframundo, o sea con lo infrahumano, ya que “tanto en su aspecto cósmico, asimilada a Esculapio, o en su función terrena, éste es un símbolo (…) cargado de múltiples significados de acuerdo a su condición pasiva, y al mismo tiempo activa y fatal que la hacen en su polivalencia de sentidos, un símbolo tanto del universo (macro y microcósmico) como de su regeneración”. (Federico Gonzalez Frías. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada: “Serpiente”, ibid.). Al igual que como es sabido, la ciencia de los venenos es la ciencia de los remedios, o lo que es lo mismo, “sin paso por el infierno no se hace el camino del cielo” (Federico Gonzalez. Noche de brujas. Auto sacramental en dos actos. Ed. SYMBOLOS, Barcelona 2007. Ver online: Obra. “Entre las numerosas serpientes señalar el combate de Apolo con el ofidio Pitón y la función de las Pitonisas. Recordar igualmente que Dioniso Zagreus es hijo de Zeus y Perséfone, y su padre se transformó en serpiente para fecundarla.” (Federico Gonzalez Frías. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada: “Serpiente”, ibid.). Así mismo cabe recordar que una serpiente es la forma que adopta el adversario para hacernos comer del fruto del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal (dualidad), y esta es la gran paradoja porque en la dualidad se reconoce el Uno.
31 Federico Gonzalez Frías. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada: “Fénix”, ibid.
32 En el que también veremos metamorfosis perturbadoras e impresionantes.
33 El Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada: “Metempsicosis”, ibid, se refiere a ello en estos términos: “Los viajes del alma antes de alcanzar la Liberación”.
34 El héroe troyano cuya gesta civilizadora narrada por Virgilio dará lugar nada menos que al imperio romano.
35 El texto corresponde al estudio de Lucrecia Herrera titulado “La Eneida y los orígenes míticos de Roma” que el lector encontrará en los nº 69-70 de la Revista SYMBOLOS. Los corchetes son nuestros. Ver online: Artículo.
36 Ibid.
37 Obras completas de Dante Alighieri. “La Divina Comedia”, Infierno, canto XXV, ibid.
38 Recordaremos al lector que en la simbólica del Tarot en particular y los naipes de la baraja en general, los bastos como palo de la baraja se corresponden con el Mundo o Plano de las Emanaciones, mientras que las espadas con el de la Creación (psique o alma superior), las copas con el de las Formaciones (psique o alma inferior) y los oros con el de la Creación Material.
39 Por lo más alto tiene que ver con el furor profético que se presta a decir la verdad: “El uno es el todo, el todo es el uno; unidad y totalidad son términos sinónimos en Dios” (M. Vacherot: Histoire critique de l'École d’Alexandrie. Citado en: Federico González. Hermetismo y Masonería. Doctrina, Historia, Actualidad. Cap. I. “Los Libros Herméticos”. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2016). Ver online: Capítulo. Se trata de chispazos (iluminaciones) “robadas” por el mensajero de los dioses Hermes, energía benéfica que procura a los mortales revelaciones de la forma más inesperada. Por lo más bajo denota inclinación hacia las posesiones esclavizadoras (mentales y materiales).
40 Mucho cuidado con ello pues como bien hemos oído decir y de hecho podemos comprobar “los demonios andan sueltos”, no sea que seamos nosotros los poseídos y no nos demos cuenta del hecho, cosa por lo demás habitual.
41 Dante compara la doble lengua de fuego con la de Etéocles y Polinices, concebidos por Edipo (ver nota 11 y párrafo correspondiente) al unirse con su propia madre sin reconocerla, lo cual los hace hijos y nietos de esta. Ambos viven enfrentados por la corona que los llevará a batirse y darse muerte. Pues bien, incluso cuando sus cuerpos ardieron en la pira, explica Dante, se dice que la llama que los consumía se mostró doble, atestiguando un antagonismo irreconciliable para nada ajeno a los hijos de este mundo en caída libre y tan cerca del suelo. De igual modo se muestra la llama por la que se interesa Dante, dividida en dos ya que contiene dos almas: la de Ulises y Diomedes, “famosos capitanes de la guerra de Troya. Juntos idearon fraudes y engaños y juntos arden en el infierno”, nos dice en nota al texto de este canto 26 (46-75).
42 En referencia al famoso asalto y destrucción de Troya de la que Eneas escapa guiado por ciertas señales extraordinarias, de todo lo cual da cuenta Virgilio en su Eneida. Gesta ejemplar que representa el viaje del iniciado e incluye un descenso a los infiernos para salir triunfante como germen del nuevo mundo (en este caso el imperio romano). (ver notas 33 y 34). Por su parte, Odiseo (Ulises) también realiza un viaje muy arriesgado lleno de enormes dificultades, prototipo del viaje interior (iniciático), que culminará en una primera parte con el regreso a Ítaca, la patria añorada que simboliza el origen. Aconsejado por Circe, el héroe descenderá al inframundo donde hablará con su madre, Aquiles y otros héroes legendarios y consultará a Tiresias (ver notas 12 y 13) que le indicará los peligros a sortear en su regreso.
43 Obras completas de Dante Alighieri. “La Divina Comedia”, Infierno, canto XXVI, ibid. Se refiere al robo de la estatua de Palas Atenea, que Ulises y Diomedes llevaron a cabo ya que “mientras estuviese en Troya nada podría ocurrirle a la ciudad” (nota al texto).



Gaspare Landi. Ulises y Diomedes robando
la estatua de Palas Athenea
, 1783.


44 Dante Alighieri. La Divina Comedia. Ed. Ramón Sopena, Barcelona, 1971.
45 Obras completas de Dante Alighieri. “La Divina Comedia”, Infierno, canto XXVI, ibid.
46 Ibid.
47 Permítasenos señalar, aunque sea de pasada, que la llegada el Paraíso (estado de la conciencia simbolizado lo mismo por la Ítaca de Ulises que por el punto central de una circunferencia) es una etapa (no el fin) que, eso sí, conduce a la plena conciencia de la Suprema Identidad.
48 Obras completas de Dante Alighieri. “La Divina Comedia”, Infierno, canto XXVIII, ibid.
49 Ibid.
50 Ver nota 2 de la primera parte de este estudio.
51 Obras completas de Dante Alighieri. “La Divina Comedia”, Infierno, canto XXIX, ibid.
52 Federico Gonzalez Frías. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada: “Metanoia (gr.)”, ibid.
53 Obras completas de Dante Alighieri. “La Divina Comedia”, Infierno, canto XXX, ibid.
54 Ibid, canto XXXI.
55 Según recoge la Biblioteca mitológica de Pseudo-Apolodoro, Efialto sería uno de los Gigantes engendrado por Gea (Tierra) al recibir la sangre derramada de Urano por la castración de Crono.
56 Anteo no participó en la lucha contra los dioses. Muerto por Hércules, este legendario rey de Libia, “obligaba a sus huéspedes a luchar consigo y los mataba cuando estaban extenuados”, dice Higino en sus Fábulas (fab. XXXI 1). Es lo que precisamente ocurre con los actuales huéspedes de este mundo agotador en el que se vive de aquellas maneras. Higino en sus Fábulas añade que Hércules lo mató luchando”. Y en nota al texto: “Era hijo de Neptuno (fab. CLVII 4) y de Tierra. En contacto con la tierra recobraba su energía, de modo que —para matarlo— Hércules debió estrangularlo manteniéndolo en el aire”. También Ovidio en su Ibis confirma que “cuando caía a tierra, oh portento, se hacía vencedor” y en nota al texto (ib. 395): “se hacía invulnerable mientras tocaba a su madre, la Tierra; Hércules lo ahogó levantándolo sobre sus hombros”, y también en la nota siguiente al texto: “Anteo adornaba el templo de su padre Poseidón con los despojos de los viajeros que asesinaba con sus forzudos brazos”. Lo cual nos da que pensar en todas esas energías psíquicas vinculadas con las cualidades de lo terrenal y la multiplicidad (que también podría ser visualizado como un gran contenedor de gérmenes o posibilidades de recrear el cosmos) en forma de pasiones, sentimientos, ideologías, creencias, etc., fruto de la ignorancia y el olvido que se fortalecen precisamente en su medio natural, pero cuando son llevadas hacia lo alto, representado por el elemento aéreo (sublimación), ceden todo su poder a aquello en lo que transmutan. De ello extraemos que la ayuda proporcionada por Anteo en el caso del recorrido que realiza Dante por los infiernos de sí mismo, representa de alguna manera uno de los procesos que ejemplifican el paso de un estado a otro en alquimia. (En realidad, es una constante a lo largo del viaje iniciático tal y como está vívidamente representado en la Divina Comedia). De hecho Dante describe que para salir con bien ante el obstáculo formidable que supone el abismo que hay que salvar casi al final del Infierno, Virgilio se pone literalmente en manos del gigante ya que efectivamente lo lleva entre sus manos (recuérdese que Virgilio representa la enseñanza, guía intelectual-espiritual, esto es la doctrina) y Virgilio a su vez le pide a Dante (iniciado) que se acerque a él para poder aferrarlo de modo que formando “un solo haz” son depositados en el fondo con suavidad por el gigante. Uno de los significados de este pasaje a nuestro modo de ver, es que en este punto crucial el iniciado está por reconocer finalmente que la multiplicidad simbolizada por Anteo es una ilusión, un símbolo de lo inmutable, lo único real.
57 De Ticio se dice que fue muerto por Apolo al intentar raptar a su hermana que simboliza esas energías relacionadas con lo lunar y su vinculación con la psiqué inferior y esos estados cambiantes de las aguas (mareas) que reiteran los ciclos y ritmos sublunares. Mientras que acerca de Tifeo ya mencionado en la nota 10 (Tifón), Hesíodo en su Teogonía nos dice que engendró con la hija de Medusa a “Equidna, mitad ninfa de ojos vivos y hermosas mejillas, mitad en cambio monstruosa y terrible serpiente” quien “primero parió al perro Orto para Gerión. En segundo lugar tuvo un prodigioso hijo, indecible, el sanguinario Cerbero, perro de broncíneo ladrido de Hades, de cincuenta cabezas, despiadado y feroz. En tercer lugar engendró a la perversa Hidra de Lerna, a la que alimentó Hera, diosa de blancos brazos, irritada terriblemente con el fornido Heracles” (tg. 295-315). Es decir, figuras que simbolizan distintos aspectos inferiores pertenecientes al ámbito de lo tenebroso y sus estados.
58 Obras completas de Dante Alighieri. “La Divina Comedia”, Infierno, canto XXXII, ibid.
59 Ibid.
60 En nota al texto de la edición dice: “Ugolino della Ghevardesca, cabeza de la facción de los güelfos en Pisa. Fue traicionado por el arzobispo Ruggieri degli Ubaldini. Preso con sus hijos en 1288, se les dejó morir de hambre al año siguiente”. Como referencia al tema de las facciones güelfas y gibelinas, sugerimos leer el párrafo correspondiente con sus notas 48 y 49 en la primera primera parte de este estudio.
61 Obras completas de Dante Alighieri. “La Divina Comedia”, Infierno, canto XXXIII, ibid.
62 Ibid.
63 Federico Gonzalez Frías. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada: “Infierno”, ibid.
64 Obras completas de Dante Alighieri. “La Divina Comedia”, Infierno, canto XXXIII, ibid. Se trata de Fray Alberigo de Manfredi que invitó a comer a dos de sus parientes con los que estaba enfrentado, y convino con sus sirvientes pasarlos a cuchillo a la señal de servir la fruta. El propio personaje afirma: “Acerca de como esté mi cuerpo allá arriba en el mundo, no lo sé. Tal privilegio tiene esta Tolomea” (se refiere al lugar del Infierno en el que ahora se encuentra su sombra), “que muchas veces las almas caen en ella antes que Atropos mueva los dedos”. Atropos es una de las tres Moiras o Parcas responsables del destino de los mortales y se la representa con unas tijeras con las que corta el hilo de la vida. Las otras dos son Cloto y Láquesis, la primera hila (comienzo del tiempo de vida) y la segunda mide (desenvolvimiento).
65 Esto nos lleva a recordar que quienes supervisan y moderan contenidos de Facebook padecen trastornos psíquicos debido a las barbaridades que les toca ver cada día, lo mismo ocurre en otras redes sociales como TikTok. Luego está la Darknet, la internet profunda con sitios ocultos en los que se trafica con seres humanos, armas y cualquier cosa susceptible de reportar dividendos del tipo que sean, lo que comúnmente se conoce como “mercado negro”, ahora en formato digital. Eso por no hablar de la multitud de plataformas de contenido pornográfico en donde se muestran toda clase de aberraciones y atrocidades.
66 En este punto René Guénon en su estudio titulado El esoterismo de Dante. Ed. Paidós, Barcelona, 2013, explica que el hecho por el que el último círculo del Infierno esté helado es debido a que “Lucifer simboliza la ‘atracción inversa de la naturaleza’, es decir, la tendencia a la individuación, con todas las limitaciones que le son inherentes; su estancia es, por tanto, (…) el centro de esas fuerzas de atracción y compresión que, en el mundo terrenal, están representadas por la gravedad; y ésta, que atrae a los cuerpos hacia abajo (que es en todas partes el centro de la tierra), es ciertamente una manifestación de tamas”. (Acerca de tamas como uno de los tres gunas hindús ya hablamos en la primera de este trabajo en notas al texto 2 y el párrafo correspondiente).
67 Ver en la primera parte de este trabajo el párrafo correspondiente a las notas 34 y 35, en donde se pone como ejemplo a Cerbero que también tiene tres cabezas. Aunque también son igualmente válidos otros ejemplos equivalentes que han ido apareciendo a lo largo del trayecto: las tres Furias, las recién nombradas Parcas, etc. En cuanto a los colores que presentan los tres rostros de Lucifer, también hemos hablado de ello en la primera parte del estudio (párrafo correspondiente a las notas 2 y 3), por lo que dejamos al lector interesado volver sobre este punto a modo de recordatorio.
68 Obras completas de Dante Alighieri. “La Divina Comedia”, Infierno, canto XXXIV, ibid. Los corchetes son nuestros.
69 René Guénon. El Esoterismo de Dante. Ed.
70 René Guenón. Iniciación y realización espiritual. Cap. XXX “¿Está el espíritu en el cuerpo o el cuerpo en el espíritu?” Ed.
71 Ananda K. Coomaraswamy. “La venida del Espiritual nacimiento”. Ver online: Artículo.
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